—Iliana, no tengo por qué darte explicaciones... Más bien dime, ¿Qué quieres? —respondió él, tratando de mantener un tono sereno. La pelirroja soltó un largo suspiro y agachó la mirada, mientras jugaba con sus dedos. —Pues no, pero de verdad no entiendo cómo puedes hablar con ella... —Rodó los ojos—. ¡Cómo sea!... Me prometiste acompañarme a ver el departamento; por eso te buscaba —le recordó. —¡Ah!... ¡Eso!. —Thiago hizo una mueca, pues había olvidado por completo aquel compromiso. ¿Por qué había aceptado?. Él era bastante estúpido—. ¡Sí!... Nos vemos en cuanto termine la jornada y vamos —aseveró, resignado. —¡Genial! —respondió Iliana, con una sonrisa triunfal. Sin decir más, ambos caminaron de regreso, para la siguiente clase. Thiago estaba algo incómodo, por la interrupción de la p

