23. NO SOY CIEGA.

1572 Palabras

—¡Oye!, ¡Oye!... —se quejó Samantha, entre risas, cuando ambas ya estaban alejadas del lugar—. Vas a arrancarme el brazo —agregó, sin dejar de reír. —¡Perdón! —se disculpó Fabiana, soltando inmediatamente su agarre. —No quiero ser chismosa, pero... ¿Me podrías explicar qué fue todo eso? —indagó la pelinegra, con los ojos entrecerrados, señalando la rosa y los chocolates que su compañera sostenía aún. La pobre Fabiana la miró fijamente; después de todo, ella no tenía que ocultar nada y pues se notaba que Samantha era una excelente persona; podía confiar en ella, a ojos cerrados. Tomaron asiento en una banca, dentro del pasillo de los salones, y entonces le contó todo lo sucedido con Gustavo: desde que él le daba clases en el colegio, hasta ahora. —Mi mejor amiga lo detesta, así que te

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