—No sabes cómo agradecí, tener una excusa, para no ahondar en detalles con mi hijo —mencionó una Antonia más tranquila, a la vez que su amiga la liberó del abrazo; se limpió las lágrimas y se dispuso a darle un sorbo a su café. —Mi ahijado no es tan tonto, Toñita... Ahí, donde está, debe estar preparando todo un interrogatorio para cuando llegues a casa. —Puede ser, pero él también me tendrá que explicar su actitud con mi empleada —rebatió la mujer y de repente, una sonrisa empezó a formarse en sus labios. —Por lo que veo, no te disgusta la idea de que ellos... —Para nada, Nelly... Fabiana es un sol, es una niña tan dispuesta, tan trabajadora, tan encantadora... Pero, lo que me preocupa, es que ella sufra en algún momento. —Suspiró—. Sabes que amo a mi Thiago, pero desgraciadamente, no

