—¡Hola! —respondió la castaña, quien bajó primero. Sonrió y se acomodó los lentes de sol, mientras miraba todo a su alrededor—. ¡Vaya!... Se ve muy bien esta finca —comentó, mientras Fabiana llegaba a su lado. —Permítanme ayudarles con eso. César tomó las pequeñas maletas de las chicas y, después de un leve saludo con la madre de Deisy, se adelantó un poco. —¡Diviértanse, señoritas! —dijo la mujer, les lanzó un beso a las dos y dio marcha al motor, perdiéndose rápidamente por la carretera. Deisy abrazó por los hombros a su amiga, avanzando en dirección al hombre que les estaba esperando para entrar. —¡Wow! —exclamó Fabiana, con emoción, al ver la gran piscina que las recibía, además del jacuzzi y, al fondo, un bello jardín con sillas, mesas y asador—. ¡Me encanta!. —Sí, es maravillos

