Camelia se encontraba sentada en el patio de la fábrica, como de costumbre, disfrutando de su almuerzo en soledad. Mordisqueaba distraídamente su sándwich mientras su mente estaba ocupada por los pensamientos sobre lo que le estaba sucediendo con John, el dueño del astillero, su amante y el padre de su hija, y claro, el hombre que le robaba el aliento y, pese a su determinación a que así no fuera, ocupaba la mayor parte de sus pensamientos. Su comportamiento amoroso de los últimos días la tenía confundida, así como esa especie de conexión que empezaba a sentir con él. Llevar su olor pegado a ella todo el tiempo tampoco ayudaba. Era una relación complicada y llena de secretos, y lo que estaba en juego para John quizá era solo su reputación, pero para ella la vida no solo la suya sino la de

