Andrés del Pino La miraba desde la penumbra de mi estudio. Letizia estaba sentada en el sofá como una maldita figura de porcelana: perfecta, hermosa, vacía. Su vestido ajustado dejaba ver más de lo necesario, su maquillaje impecable cubría las lágrimas que siempre usaba como arma. —Lo hemos intentado todo, Andrés... —susurró, con esa voz dulce que usaba cuando quería manipularme—. Por favor. Quítaselo. Ese niño no es de ella. No lo quiere. Solo lo tuvo por despecho. Es tu hijo y debe ser mío. Apreté los dientes. Otra vez esa cantaleta. Años llevábamos intentando tener un hijo. Años de doctores, tratamientos, ilusiones rotas. Pero Letizia no podía. Su vientre estaba tan seco como su alma. Tomé el vaso de whisky con rabia y me senté sin mirarla. Alex. Alessandro. El hijo que tuve con Je

