Estaba concentrada en limpiar la herida en el labio de Elliot, mis manos temblaban ligeramente mientras desinfectaba con cuidado. La tensión en la habitación era palpable, el ambiente cargado de emociones no resueltas. Elliot se había metido en esa pelea para defenderme, y ahora tenía una herida que debía atender. —¿Te duele? —le pregunté, mirando con atención el pequeño corte que había en su labio. Elliot hizo una mueca de dolor, pero su tono burlón no pasaba desapercibido. —No tienes ni idea de cuánto… —dijo, sonriendo de manera juguetona. Luego, sus ojos brillaron con un toque de picardía. —¿Me vas a besar para que me cure más rápido? No pude evitar soltar una leve risa ante su actitud. Sabía que estaba intentando aliviar la tensión, pero no podía dejar de pensar en todo lo que habí

