Capítulo 9

1145 Palabras
Narra Mark Mi alarma suena a las 3:00 pm, lo que quiere decir que tengo terapia con mi querida Felicia, suspendo lo que estoy haciendo y me dirijo hasta su consultorio, esas citas son más sagradas que cualquier cosa, si mi padre se entera que falté a una sola podría matarme. Es un hombre de carácter fuerte, desobedecerle nunca será una opción, más bien un suicidio. Como hijo mayor cargué más responsabilidades, me enseñó muchas cosas de pequeño y pretendía generar en mi destrezas y perfecciones que como niño no me resultaban fáciles en su momento; estuve en clases de equitación, natación, ajedrez y la escuela, todo al mismo tiempo y en todo debía ser el mejor. Recuerdo una vez un momento de mi infancia que marcó mi vida, era solo un niño cuando ingresé a una competencia de salto, es una disciplina de la equitación donde se evalúa la capacidad del caballo y del jinete al saltar una serie de obstáculos determinados ubicados en un orden estipulado. Ese día debía ser el ganador, mi padre no acostumbraba a verme en mis practica o mis clases pero ese día en especial fue, la presión de verlo allí taladrándome la existencia con su mirada y con esa expresión intimidante generaron en mi nervios y mucha ansiedad, no pude controlar a Bella y cometí todos los errores habidos y por haber, recuerdo haber perdido hasta los estribos de mi caballo y caer al suelo llenando mi traje n***o de arena, todo a mi alrededor daba vueltas menos la imagen de mi padre viéndome con decepción, no se preocupó ni un poco por mí, solo se puso de pie y se fue. Mi madre era quien me consolaba pero a escondidas de él. Al llegar a casa fui a su despacho para disculparme, pero no me dejó pronunciar una sola palabra, me dijo que era un inservible,  un bueno para nada, no pude reprochar sus palabras pues en todo tenía razón, era un fracasado. Las ganas de defenderme me ahogaban pero corría con el riesgo de ser golpeado o bofeteado si abría la boca, solo dejé que se desahogara. - ¿Sabes cuánto dinero gasto en tus clases?  - ponía sus manos en la cabeza como si el mundo se estuviera acabando - eres un perdedor, por tu culpa fui la burla de todos; hasta hoy montas un caballo, ya sé que eres una mierda en eso, debiste ver a los hijos de los McGregors lucirse como unos jinetes excepcionales. Esas palabras me acompañan aun, aunque fueron más los eventos parecidos a ese. Ese día estaba tan enojado por no poder hacer nada, por no poder defenderme que destruí en secreto su colección de cactus, sobre las plantas llevé mi enojo, por primera vez sentía que me descargaba y quitaba de mis hombros tanto peso. Cuando descubrió el daño ocasionado se enojó y hasta depresión sintió porque algunas de esas plantas las había sembrado mi difunta abuela, culparon a Rocket, el perro que estaba en el jardín; mi padre lo mandó a sacrificar debido a la afectación por perder una parte de su madre. - ¿Cómo te has sentido? – pregunta Felicia mientras estoy sentando en un cómodo sillón y ella me mira analizando mi comportamiento. - Bastante bien, he aprendido tanto a manejar mis tiempos que me siento liviano, es como si levitara. – ella anota algo en su libreta y vuelve a preguntar - Cuéntame tu rutina de ayer. - En la mañana temprano me levanté a trotar, corrí alrededor de la manzana; desayune frutas frescas, luego fui a la oficina, almorcé con mi hermano, después tuve una junta y por la tarde volví a casa, vi una serie mientras comía algo de pizza con doble queso y al final me dormí. - Me parece excelente que intercales en tus rutinas actividades diferentes a las que acostumbras, pero ¿sabes que me causa curiosidad? Del tiempo que llevamos en nuestras sesiones nunca me has contado acerca de alguien, me refiero a una novia, alguien con quien salgas. - Nunca lo he hecho porque no es algo de relevancia, hasta donde se mi padre me ha enviado aquí por el estrés causado por el trabajo, no por terapias de pareja o problemas emocionales. - Tienes razón, pero como tu terapeuta es importante saber todo de ti, de esa forma puedo ayudarte de una mejor manera. - No, ya has ayudado mucho, he seguido al pie de la letra todas tus recomendaciones, ya anexé a mi rutina ejercicios físicos, de respiración, reorganicé mis horarios. Gracias a ti mi querida Felicia soy un hombre nuevo. Para mí es un don verme bien en frente de todos, la única persona a quien no puedo engañar es a mi padre, me conoce como la palma de su mano. Me conviene que Felicia le diga que ya me encuentro bien, de esa forma mi padre dejará de estar tan pendiente de todo lo que hago, eso me tensa más, saber que él está respirándome en la nuca.  - Es todo por hoy, ya puedes retirarte. Me pongo de pie y me acerco a la mujer para dejarle un beso en la mejilla, cada vez se intimida con mi presencia, algo me dice que voy bien. Salgo de allí con tantas ganas de empezar a correr, no me gusta estar en ese consultorio, me molesta lo curiosa que puede ser Felicia y los estúpidos que son sus ejercicios de respiración, me siento como un idiota siguiendo lo que ella dice, no me gusta que las personas lleven el control de las cosas. Mi padre ha pedido estas sesiones con ella porque lastimosamente presenció uno de mis ataques de estrés, me enfurezco tanto que lo que esté a mi lado lo destruyo, en esa mañana el inversionista al que había persuadido por meses rechazó mi contrato al que le había puesto todo el empeño, fueron tantas cosas a la vez,  mi padre me mataría, el tiempo no lo recuperaría, hice tanto para nada, ese día no pude controlarme y perdí la noción de mí mismo, tuve mareos y nauseas, todo al mismo tiempo. Mi manera de liberarme es mediante mis mujeres, pero cuando llevo mucho sin tenerlas me agobio, sumado a eso todas las cargas del trabajo; lo complejo de todo es que la mujeres sean encontradas por mis proveedores como yo las deseo y es ahí cuando pierdo el control en mi vida cotidiana, debe ser solo como a mí me gustan, algunas veces ni yo mismo puedo entenderme, porque las compro bajo todos los requisitos que tengo en mi mente, las llevo a la cabaña, las tengo por un tiempo y las disfruto pero al paso de los días, semanas o meses,  ya no es lo mismo. No he encontrado una sola mujer con la que desee quedarme por tiempos prolongados. 
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