Tras haber llamado a tres hospitales de seguido, Adelaida al fin decidió dejar a Roberto en paz. Juzgó que se sentiría más calmado si no lo atosigaba a cada rato con su exigencia a punta de pistola. Comenzó a deambular por las caóticas calles de Sao Paulo, mientras se reía a carcajadas como bruja en celo, llamando la atención de algunos transeúntes que pasaban por los alrededores. En un momento, entró por un pasillo y sacó su pistola de juguete, mirándola con mucha determinación. Luego, se dijo: - ¿De verdad ese Roberto era tan estúpido? Si hubiese llevado un arma de verdad, las alarmas de su empresa no dejarían de sonar. Se ve que solo piensa con el pene y la cabeza la tiene llena de aire, je je je. Volvió a guardar su pistola de juguete y se dirigió a una plaza. Tenía much

