El pequeño CEO se sintió intimidado por la infraestructura de la empresa de Macarena. El edificio era incluso más grande que el suyo y, también, tenía robots y sistemas sofisticados de seguridad que sobrepasaban su imaginación. Toda esa exageración le hizo preguntarse: “¿Acaso es la reina de Saba?” Vio que la joven CEO salió de su oficina, acompañada con al menos cuatro guardaespaldas que la rodeaban de frente y detrás. No dejaban ninguna apertura libre, como si se tratase de un cofre que le encargaron proteger con sus vidas. A pesar de todo, Richard no estaba dispuesto a rendirse, por lo que se acercó a ella, dispuesto a hablarle. Pero apenas dio unos pasos, los guardaespaldas lo apuntaron con sus pistolas y le dijeron: - ¿Quién eres y qué quieres con nuestra clienta? -

