El cuerpo de Estelle retenía el dolor sordo de una mujer bien follada un lunes por la mañana al prepararse para ir a trabajar. Fuera lo que fuese Jason, era genial en la cama, y tenía que admitir que echaba de menos todas esas deliciosas endorfinas que acompañaban al buen sexo. Había pasado la mayor parte del sábado manteniéndose ocupada asegurándose de que todas sus evaluaciones estuvieran terminadas y de que los resultados se subieran a la red del Departamento de Educación que usaba su escuela. Ahora estaba agradecida por ello y esperaba con ilusión la última semana del trimestre, donde ya no habría presión y podría dedicarse a disfrutar de su clase con los pequeños. "Señorita Eastman", dijo la directora, la Sra. Hancock, entrando a su aula justo antes de que sonara el timbre para dar

