Estelle se sentó en la pequeña mesa que encontraron entre las furgonetas y los pequeños puestos de mercado que parecían callejones del local Eat Street. El escenario al final del callejón estaba lo suficientemente cerca como para ver y oír, pero no tanto como para que la música ahogara la conversación. Observó a Jason mientras se dirigía con paso decidido a la barra para servirles otra copa, y sonrió. Sus anchos hombros se estrechaban hasta unas caderas ligeramente más estrechas, de las que colgaban unos vaqueros negros como si lo abrazaran. Bajo la camiseta, sus músculos se flexionaban al moverse con soltura entre la multitud. Se preguntó, no por primera vez, con qué frecuencia entrenaba para mantener el cuerpo tonificado y musculoso que había recuperado en las últimas dos semanas. Sus o

