Todas las cosas que le dijeron comenzaron a cobrar sentido. La casa tenía ojos y él fue el principal de ellos. Negó con la cabeza. Chasqueó la lengua. —No, no, no—respondió—. Yo soy solo una pieza pequeña dentro de este enorme tablero. Un peón en una tablilla de ajedrez. Hay dos partes muy poderosas dentro y es que siempre he estado en el ojo del huracán por varias cuestiones. Soy un halcón, alguien que observa y reporta, pero rara vez ejecuta por su propia seguridad. Pero eso ya debes saberlo. Noto que has vuelto informada. —Maldito. Se echó a reír. —¿Y que vamos a hacer ahora? No creo que valga la pena mandarte de regreso a Ankara cuando estás aquí donde Erdem te deseaba. De hecho, creo que aceleraste las cosas. Eres o muy valiente o completamente estúpida porque has caminado d

