Elif tomó aire. —Ahora lo entiendo. No se puede amar solo lo bueno ¿No? —Lo entiendes bien. No elegí lo que soy, pero aprendí a amarlo y aunque hay cosas que he hecho que posiblemente no vayan con nuestro mundo, las he hecho para garantizar lo que soy y por motivos personales. Ruzgar eligió esto y como has dicho, soy consciente de que conoce a la Turk más que cualquiera de los hombres que ostentan el poder en ella. Pensé que me encontraría con una mujer que echaría en cara la forma tan dura en cómo está siendo tratada… La mujer levantó su dedo y negó. —¿Define de que dureza hablas? —cuestionó con total libertad—. Fuiste compasivo conmigo, pero estaba tan dolida que esa compasión fue tomada como el más cruel de los castigos. Agradezco y te lo digo mirándote a los ojos la oportunidad

