CAPITULO 123-2

1005 Palabras

—No. —Es cierto. Eres divorciada. —¿Lo dices así de manera tan mordaz? —Las mujeres de allá arriba deben haberte hecho pedazos. Siempre buscando la perfección y siseando como víboras detrás de las orejas de las demás como si sus vidas fueran algo que alabar. Podrían irse a los infiernos las malditas y las cuentas a saldar podrían estar igual de largas que cualquiera de los hombres que vive en estas paredes manchadas de sangre. Divorcio…casi tan repudiado como la traición misma. Pobre mujercilla. Tienes encima de ti la mayor de las maldiciones, pero supongo que ya pensaste eso camino aquí. Pero bueno, sea como sea no es lo que estábamos buscando en realidad. Supongo que ya sabes que las mujeres no son de mi gusto. Nací sin esos gustos. —¿Y que piensan los demás sobre eso? Digo, siend

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