Estaba algo cansada pero al pasar por la casa de doña Lupe no pude evitar pensar en Lina y toqué la puerta esperanzada con que su madre se encontrara y que también pudiera ver a mis hermanos. -¡Ahí voy!- acomodé un mechón rebelde de mi cabello al oír con nerviosismo la voz de la vieja amiga de mi madre. La puerta se abrió y a través de la reja metálica que usaban en mi pueblo para protección una canosa señora de cabello recogido y ojos saltones me miró sorprendida. - ¡Triada, bendito sea el Señor!- exclamó mientras abría con las manos agitadas y no pude evitar sentirme alegre. Cuánto miedo tenía que mi regreso no alegrara a nadie y aquí estaba esa dulce mujer que conocía desde niña y que me cuidaba desde siempre.- ¡Muchachos, vengan!- dijo a los gritos mientras salía y me envolvía en sus

