Estaba entre sus brazos mientras Vikram me hacía el amor, y sonará a cliché pero francamente no se sentía igual que con cualquier otro hombre. Sentía placer, sí, pero no era lo único que sentía. Mi corazón y mi alma se complementaban a su ser y Vikram, por extraño que suene, no sólo era un amante sino un compañero en ese tan íntimo momento. Y al terminar, dormido y dándome la espalda, podía maravillarme aún más que cuando lo veía usar su actitud de macho penitenciario o de caballero salva culos, lo veía más bien como un niño pequeño, un ángel. Alguien lleno de delicadeza y de inocencia, aunque sea momentánea. Porque aunque no contaba con el honor de ver a sus ojos violetas enfocados en los míos transmitiendo mil y un sentimientos y emociones, tenía en su lugar el leve ronquido que producí

