Desperté en la mañana, cansada y con un dolor en el brazo. La luz de la habitación me molestaba. Me costaba entornar la vista. —Ivanna, cariño— Henry apareció frente a mí con lágrimas en los ojos. —Papá ¿Qué pasó? — traté de levantarme, pero me sentía como si un camión y un tren me hubiesen arrollado juntos. —Anoche sufriste una crisis de pánico. Fue peor que la anterior— me dijo cerrando los ojos con tristeza y dejando caer sus lágrimas. — ¿Dónde estoy? — la pregunta era un tanto estúpida, porque en el fondo sabía que estaba en un hospital y el dolor en el brazo era por algún pinchazo. —En el hospital, Ivanna. —No quiero estar aquí… Me quiero ir, llévame a casa— traté de levantarme aun sintiéndome como la mierda, porque no podía estar en un hospital, no después de la última vez. —I

