— No, por ahora no le diré nada —los chicos asintieron, aunque no muy convencidos, notando claramente que la situación no estaba del todo resuelta. — Hay un problema —dijo mi lobo a través de la conexión mental, su tono grave me alertó de inmediato. — ¿Qué pasa? —cuestioné, sintiendo que algo no estaba bien, un nudo en el estómago comenzaba a formarse. — No lo sé... Siento su aroma... Cerca —dijo en tono serio, como si cada palabra fuera un presagio. — ¿Cerca? —respondí, extrañado. No entendía del todo a qué se refería, pero el temor en su voz me hizo prestar aún más atención. — Sí, muy cerca... Ve a buscarla ahora. Tengo un mal presentimiento —se quejó él, como si el peligro se acercara con rapidez. — Sí —dije, cerrando el enlace con rapidez. Salí del despacho y la vi allí, recostad

