Serví las tazas de té y las puse encima de una bandeja de vidrio que encontré. Seguía impresionada por el lugar. Era gigante. Además parecía que me gustaba el vidrio en mesas, muebles, sillas, adornos, las grandes ventanas... El lugar estaba ordenando de tal modo que todo daba una imagen armoniosa. Lo único que interrumpía la imagen, era el hombre que me miraba expectante en uno de los sillones. Y el pequeño bar que tenía en una esquina con un sin fin de botellas multicolores. Me acerqué, dejando la bandeja en la mesa de centro, también de vidrio y me senté al frente suyo. -¿Qué quieres saber?- Me preguntó. ¿No se suponía que él me interrogaría y no al revés? Y... ¿Qué quería saber? -Nada.- No iba a admitir que adoraba el control y hubiese deseado saber lo que pasó cada segundo de los

