Cerré por tercera vez la puerta a mis espaldas. Estaba cansada y necesitaba con urgencia volver a casa, pero no podía, no al menos hasta terminar con mi trabajo. Pero el tipo éste era duro de roer y no se daba por vencido. -¿Ya vas a confesar? Tengo todo el tiempo del mundo.- Mentí. Giré la silla más cercana y me senté a horcajadas en ella, para luego mirar su rostro caído. -Nunca. Pero que tozudo, por Dios. -Muy bien. Si así lo quieres.- Me planteé seriamente sacar el encendedor de mi cartera y utilizar uno de los arcaicos métodos de tortura. Sabía que Chritopher me mataría, pero también sabía que necesitaba con urgencia esta declaración. Tenía el objeto en las manos, cuando mi móvil sonó. No dudé en abrir el mensaje. 'A Luis se le acabaron los pañales, ¿Puedes pasar a comprar un pa
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


