-¿Café?- Pregunté por cortesía mientras ella se sentaba en la silla frente a mi escritorio y miraba a Camilo con cierto recelo. Y bueno, Camilo la miraba con una amenaza bastante clara en los ojos. Negó a la bebida y me observó. -¿Así que aquí trabajas?- Observó el lugar pulcramente ordenado y limpio. -¿Y ahora fingirás que te importa?- Alcé una ceja. -Mi niña, esa no es manera de tratar a tu madre.- Me estremecí. Y no por lo que dijo, sino por cómo lo dijo; con cierto tono parecido al cariño maternal. Me ordené autocontrolarme. Enderecé los hombros y la miré directamente a sus ojos, iguales a los míos. -Yo no tengo madre.- Mis palabras sonaron secas incluso para mi. -Hija...- Sus ojos se aguaron, aunque me costó notarlo.- Tenemos que hablar sobre eso.- Miró nerviosa a Camilo y luego

