El segundero del reloj se movía endemoniadamente lento. Y ya me había dado cuenta de que cuando llegaba al segundo 42, el palito se estancaba por un momento y luego volvía a funcionar. El cuerpo de Ricky estaba cubierto por la sábana blanca sobre la cama, mientras el mío estaba cubierto con el vestido plateado sin ninguna arruga y mi ropa interior en donde debía estar. No. No habíamos hecho eso... y todo gracias a mi lindo plan B. Cuando llegamos a la habitación, me separé de sus asquerosos labios para tomar el teléfono y encargar algún licor a la habitación. El brebaje llegó sin demora y en ese minuto le dije a Ricky que se fuera al baño, pues le tenía una sorpresa inolvidable. El tipo, calenturiento como estaba, fue sin cuestionar mi orden, encerrándose en aquel lugar. A penas cerró

