Capítulo #1

2172 Palabras
-¿Cuándo será que podrás comprender que te amo? -¿Por qué me haces esto? -Yo te amo… -¿Por qué no lo ves? Le grito mientras lágrimas desciendes de mis ojos… -¡Por dios! -¡Mírate! -No puedo seguir con una gorda como tú… Las lágrimas que retenía comienzan a descender por mis mejillas al escuchar sus crueles palabras. -No me digas esas cosas. -¿Por qué actúas de esta manera? -¿Qué te hice? -Porque no te das cuenta de que me haces daño. Suelta una risa cargada de cinismo y burla antes de hablar, sus ojos transmiten el odio y el desprecio que me tiene. -De tanto espejos que tienes no te has podido ver en uno, ¡estás horrible!. -Me das asco, repulsión, náuseas, repugnancia, grima, animadversión. -Te detesto. Sin más caigo de rodillas en el suelo totalmente herida, destrozada por sus palabras, como si no fuera suficiente con destrozarme emocionalmente se acerca a mí y toma mi cabello en un puño moviendo mi cabeza con brusquedad alza mi rostro y lo escupe como si de la basura se tratara. -Las gordas como tú no merecen ser felices… Suelta mi cabello haciendo que mi cabeza choque directamente con el suelo provocando una oscuridad total. -Noo… Mi propio grito hace que despierte de la terrible pesadilla que estaba viviendo, un recuerdo que me atormenta constantemente, uno de una triste realidad que me llevó a lo profundo de un poso y me dejó allí olvidada por mucho tiempo y aun con los años transcurridos continúa atormentándome incluso cuando duermo. Observo mi alrededor con atención acostumbrando mis orbes a la penumbra que decora la habitación, toco mi frente y está ligeramente bañada en sudor gracias al tormentoso sueño que protagoniza mi insomnio, me encuentro sentada en la cama con la sabana enrollada en las piernas, escucho mis agitados latidos aun cuando sé que estoy en mi habitación y que todo fue una mala broma de mi subconsciente. No puedo creer que aun después de los meses en terapia y los años sin estar cerca de esa escoria de la vida aún tenga estas pesadillas, es increíble como aun después de todo este tiempo continúa lastimándome, burlándose de mí… La psicóloga comentó que era normal que vinieran recuerdos de ese momento, es algo con lo que aprenderé a vivir, pero nunca olvidaré; Realmente es imposible suprimir aquel escenario de mi agotada mente, todavía parece que tuviera sus orbes avellana cargados de burla y desprecio delante de mí. Quisiera poder tener un control de mando exclusivo para eliminar recuerdos de mi memoria, con toda la seguridad ese sería el primero que suprimiría, el solo hecho pensar en ello es una tortura, revivirlo mientras duermo es una maldita pesadilla, sus burlas, sus palabras, sus agresiones, sus desplantes han sido difíciles de superar, por más que aplique el contacto cero su solo recuerdo que continúo y continúa atormentado mi ser; cuatro años de infierno no se pueden borrar en cinco meses de terapia y debo aprender a existir con ello por muy desafiante que resulte. Como es posible que una persona que dice amarte, sea capaz de sumergirte en un poso de mierda, que aun diciendo palabras dulces y amorosas, demostraba lo contrario, cuatro años de engaño, de mentiras, de actuación que me dejaron abstraída, inmersa en tinieblas, con los sentimientos aniquilados, sin ánimos, mi coraje se marcho con el viento de aquella tempestad, el esfuerzo, el valor, las ganas fueron suplantadas por el desaliento, la indecisión, la pusilanimidad que se volvieron mis fieles compañeras. -¿Por qué tuviste que ser un imbécil, Jack? Por más que me esfuerzo en dejar todo atrás, en darle paso a un capítulo nuevo en mi vida, me cuesta mucho, me es imposible y no por falta de voluntad sino por el tamaño de las inseguridades que aquel cabrón idiota dejo luego de partir de mi vida… Las terapias han funcionado, pero no son una cura definitiva al menos no lo ha sido hasta ahora para mí, cuando todavía tengo el dolor clavado en el pecho, no cuando la ira recorre mi sistema cada día, no cuando mi mente crea escenarios trágicos para el final de sus días, no cuando el miedo es mi único compañero, no cuando la desdicha es la única que me espera en casa al llegar, no cuando otro ser me recuerda lo miserable que soy. Observo el reloj digital que se encuentra en mi mesa de noche al lado de mi teléfono, el tiempo parece burlarse de mí son las 5:00 am de un nuevo lunes, por más que me esfuerce en volver a dormir sé que no lo lograré, así que con toda la pesadez del mundo salgo de mi cama y me dirijo al cuarto de baño el agua helada ayudara a despejar mi mente… Luego de una media hora salgo de la ducha sintiéndome una persona nueva y rejuvenecida, me envuelvo en un albornoz tiendo mi cama y me dirijo a la cocina a preparar mi desayuno, al final es bastante temprano para ir a la oficina así que puedo comer con toda la tranquilidad del mundo. Después de una hora ya he desayunado, limpiado la cocina dejándola como la encontré, soy una obsesiva del orden y la limpieza, sirvió como terapia en aquel entonces hasta que se hizo parte de mi rutina… Me encuentro en la puerta de mi closet para seleccionar el atuendo que usaré hoy al trabajo, mi instinto me dice que use algo lindo y sexy para sentirme bien y dejé de pensar en un infortunio pasado que ni arreglo tiene. Sin meditarlo mucho por primera vez me escucho, optaré por algo que me haga sentir linda, sensual y segura, lo primero en elegir son un zapatos de tacón aguja de 10 centímetros de color n***o, selecciono un conjunto de lencería de encaje también en color n***o, tomo una camisa manga larga de color blanco, bastante básica y por último tomo un vestido de tirantes finos y diseño a cuadros, por último no menos importante unas medias de color n***o. Una vez hidrate mi cuerpo con crema y coloque perfume doy paso a la tarea de vestirme, me coloco la ropa interior, luego las medias también negras, decido peinarme y maquillarme antes de ponerme el resto del vestuario para evitar mancharlos de producto… una vez en la cómoda de maquillaje me observo en el espejo y me sorprendo mucho con la chica frente a el; tiene la mirada cansada y aun así tiene una llama que resplandece de esos orbes esmeralda, sus risos rojizos están revueltos, su cuerpo ha tomado algunos kilogramos extras que la acercan a la línea de curve, mejor dicho la vuelven una curve, unas piernas gruesas, caderas anchas bastante marcadas, abdomen no tan plano, senos grandes, brazos gruesos, si es lo que denominarían actualmente como una gorda. Aun así el atuendo de ropa interior seleccionado me hace ver sexy, sensual, incluso segura, es inevitable no sonreír, me gusta lo que observo, me gusta esta chica que se refleja en el espejo el día de hoy, esta chica que demuestra que aún rota puede brillar como el sol de cada mañana. Con una sonrisa en mis rostro procedo a maquillarme, me enfoco en profundizar mi mirada con un delineado n***o, mascará, algo de rubor y un labial suave, no me gusta cargar mi cara con tantos productos de maquillaje, hace que me sienta algo que no soy; terminado el maquillaje y feliz con el resultado obtenido ahora me concentro en mis largos y rojizos rizos… Contenta con el resultado de mi cabello procedo a colocarme los atuendos restantes, unos minutos más y estoy lista, me observo nuevamente en el espejo y el resultado me impacta un poco, me veo muy bonita, me encanta como el vestido se fija en mis curvas, la prenda llega un poco más abajo de la mitad del muslo, con una sonrisa giro en dirección a la puerta de mi habitación, tomo el celular, mi bolsa y las llaves para salir del apartamento son las 7:00 am apenas cuando me dirijo la entrada principal del edificio donde vivo. Tengo bastante tiempo hasta mi horario de entrada, así que opto por caminar al trabajo por suerte no esta lejos; termino de salir del edificio donde vivo y me dirijo a la avenida norte en dirección a la empresa Sexy Kiss Inc; encargados del diseño de lencería exclusiva y ha pedido por los mejores clientes y los más pudientes del país, donde soy diseñadora, es lo bueno de haberme graduado tan joven logre conseguir un empleo buenísimo antes de llegar a los 30; además que me encanta mi trabajo, es un excelente distractor... El trayecto a la oficina es relativamente corto, el fresco clima me hace disfrutar de la caminata confirmando así que fue una excelente idea de venir caminando el día de hoy. El sonido de mi teléfono me saca de mis lagunas mentales… tomo el aparato y miro el identificador y es mi madre… ¡Muy bien! -¡Hola, Ma! Contesto con fingida alegría… -¿Cómo te sientes hoy, Nathalie? Pregunta con algo de preocupación en la voz que si no fuera porque la conozco le creería. -Estoy muy bien, ma. Respondo sin muchas ganas de continuar la conversación a decir verdad. -¡Bien!… te llamaba para comentarte que estuve hablando con Pilar y me recomendó un nutricionista buenísimo… Aquí vamos de nuevo, no puedo evitar poner mis ojos en blanco… -¡Aja! ¿Y yo que tengo que ver con eso, Carla? Es mejor hacerme la desentendida por nuestro bien. -¿Cómo preguntas eso? -Acaso olvidaste nuestra conversación, necesitas bajar de peso. -Por eso mismo Jack te dejo u caíste en esa depresión tonta. Siento como mi buen humor se marcha junto a la brisa que sopla en este momento, mis lágrimas están a punto de salir y necesito respirar varias veces profundo antes de desplomarme aquí mismo en medio de la calle, no es solo el dolor que me producen sus palabras en una herida no cicatrizada, también las llamas de ira que se encienden en mi sistema obligándome a controlarme. ¡Por dios! Vuelvo a respirar profundo profundo antes de hablar. -Me tengo que ir… Es lo único que soy capaz de decir, mi garganta esta cerrada por un nudo de sentimientos instalados ahí desde hace años, sin esperar su repuesta finalizo la oportuna llamada, coloco el aparato en no molestar y lo guardo en el bolso. Todavía parada en mitad de la calle, hago lo posible por mantener la calma, apoyo mi mano de un panel publicitario que esta ubicado a mi lado porque siento que mis piernas me fallaran en cualquier momento, las lágrimas amenazan con salir cuál represa retenida de mis orbes, mi pecho duele y mi garganta quema, duele horrores, inhaló por la nariz, suelto por la boca, necesito tranquilizarme o me dará un infartó aquí mismo… -Disculpe señorita, ¿esta bien? Una voz ronca me saca de mis dolorosos lamentos con su pregunta, inmediatamente mi cerebro me recuerda lo patética que soy. ¡TE VES HORRIBLE! ¡HASTA UN EXTRAÑO SE DIO CUENTA! Hago acopio de mi voluntad para no dejarme caer aquí mismo y terminar de ahogarme en llanto. -Señorita, ¿la puedo ayudar? Vuelve a hablar la persona a mi lado al cual aún no le he visto el rostro. Respiro una vez más y giro mi rostro en dirección a el… Me encuentro con un rostro cubierto por una barba de pocos días, una boca de labios gruesos y definidos, una nariz perfilada, unos orbes del color del mar enmarcados en unas largas pestañas y unas tupidas cejas, un cabello alborotado de color azabache, sin mencionar que un cuerpo que se nota muy bien trabajado esta forrado en un traje de color n***o a la medida. ¿Cómo es posible que le esta hablando a una mortal, como yo? Este tipo minino debe ser familia de algún Dios griego. Trato de recuperar mi autocontrol, trago saliva y carraspeo antes de hablar. -¡Disculpe!, estoy muy bien, ¡gracias! Digo rebosando media sonrisa al extraño de mirada profunda. -¿Esta segura? Vuelve a preguntar mientras sus orbes detallan cada lugar de mi rostro, me pone nerviosa. -Sí, estoy muy segura… ¡Gracias! Vuelvo a decir con un tono un poco más seguro… el me observa inexpresivo, como si supiera que no estoy siendo sincera, eso me hace caer en cuenta de la situación y de que ya debería estar en mi oficina. -Debo irme, Gracias nuevamente. Comento sin más, y sin esperar respuesta de su parte, salgo del lugar a paso apresurado en dirección a mi lugar de trabajo, sin voltearlo a ver me marcho aún con los pensamientos revueltos, con la ira recorriendo cada parte de mi sistema y con el dolor acumulado en la garganta entro al edificio donde realizo mi jornada laboral.
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