Años atrás
—Señoritas dejen de hablar. —la maestra de español nos regaña en frente de todo el salón.
Solo nos reímos en silencio al fondo.
Cuando nos quiere llamar la atención suena el timbre de salida, ella nos da una mirada de enojo la cual ignoramos por completo.
Dalia decide que hoy es el día en que me acompañara a mi casa, al fin les confesare a mis padres que soy lesbiana, a decir verdad, me tomo por sorpresa darme cuenta de que mirar a las mujeres con deseo no solo era fantasía, la primera vez que bese los labios de Dalia, sentí la gloria recorrer todo mi cuerpo.
Antes de ella debo admitir que tuve unos cuantos “novios”, unos hombres muy torpes que solo querían una cosa, y si me refiero al sexo. Pensé que solo me fijaba en los retrasados obsesionados con el porno, pero no, hasta el más nerd de la preparatoria solo querían eso.
***
Cuando recuerdo el primer día que ella cruzo la puerta del salón de clases, confieso que quede hipnotizada, bueno no solo yo, todos en el aula guardamos silencio, sus cabellos se movían a la perfección con cada paso que daba, era la nueva de la preparatoria así que todos se quedaron con la boca abierta ante su belleza única e inigualable.
Ella de piel clara, cabello rojizo largo, ojos color verde, labios definidos rosados, mejillas rosadas y sobre todo un cuerpo espectacular.
***
—¡Hoy es el día mi amor! —aprieta mi mano cuando por fin salimos de la preparatoria.
Al llegar a la casa, me encuentro nerviosa, mis padres siempre vieron a Dalia como una persona especial en mi vida, ya que no tenía muchos amigos o amigas y desde que ella apareció, solo fue un sol en mi vida, eso dijo alguna vez mi madre, sin saber lo que vendría después.
—Es una estupidez lo que estás diciendo. — dice furioso mi padre en contra mí y Dalia.
—Claro que no, yo la amo y quiero estar con ella. —rezongo ante sus palabras.
—Mañana mismo te vas a estudiar a Inglaterra. —remata mi madre quien tiene los ojos cristalinos.
—No —sollozo —¿Por qué es tan difícil que lo entiendan? —pregunto apretando la mano de Dalia.
—Por qué dos mujeres son mal vistas juntas y más para nuestro estatus social, somos una familia con una empresa a nivel nacional, no podemos manchar nuestra imagen —nos señala a ambas con furia —eso está mal entre ustedes.
—Los odio. —tomo a Dalia de la mano y la jalo hasta la entrada principal.
—No llores. —ella limpia mis lagrimas con sus delicadas manos.
—No quiero separarme de ti, Te amo conejita. —rodeo su cuerpo con mis manos abrazándola con fuerza.
—Yo te amo más mi colibrí. —dice y después nos damos un ligero beso en los labios.
—Esto es lo más repugnante que he visto —la voz de mi padre nos sobresalta —sepárense de una vez. —nos separa, pero sin medir sus fuerzas termina por empujarme hasta caer por las escaleras de la entrada.
—Te odio. —grito mientras Dalia va a mi rescate para ayudar a levantarme.
Ambas corremos asustadas hasta la entrada de la mansión.
—Sera mejor que dejemos todo hasta aquí. —dice con voz quebrada.
—No conejita, lucharemos por nuestro amor, tengo dinero ahorrado podemos empezar en algo pequeño y después.
—No colibrí —interrumpe —nadie nos apoyara, nadie aceptara a dos adolescentes que están enamoradas, ellos no entenderían nuestra relación.
—Entonces, ¿quieres que dejemos todo lo que hemos pasado? —pregunto mientras siento como mi corazón se acelera.
—Si. —agacha la mirada.
—¿Estas terminando conmigo definitivamente?
—Oye, será lo mejor, tu padre tiene mucha razón, somos adolescentes, tal vez solo es un capricho que tenemos, si tomamos caminos separados igual podemos encontrar la felicidad por separado, o encontrarnos al final del camino.
—No podría vivir sin ti. —tomo sus manos y las llevo a mi pecho —siente mi corazón, el solo late a mil por hora cuando estamos juntas, si no estás conmigo, podría hasta dejara de latir.
—No hagamos esto más duro por favor. —suelta mis manos y las lleva a la bolsa de sus jeans.
—Está bien, pero que no quieras luchar por nosotras, entonces eso solo significa una cosa.
—¿Qué? —pregunta con los brazos cruzados.
—No me amas como lo dices. —me cruzo de brazos igual —pero sabes que será lo mejor, me iré a Inglaterra y tal vez allá encuentre la felicidad —avanzo pasándole, por un lado, dándole un pequeño empujón.
Mi enojo y tristeza no me dejan pensar.
—Espera —me toma de la mano —Te amo y te amare por siempre colibrí —se pone enfrente de mí, cruza sus suaves manos por mi nuca y me acerca a ella —Siempre. —pone sus labios contra los míos dándome un ligero beso de despedida.
La tortura de ese beso duro una eternidad.
Desafortunadamente estábamos en la última semana de clases para graduarnos, así que fue difícil seguir viéndola y no poder tocarla ni besarla.
—Señorita Newman puede pasar al pizarrón para resolver la ecuación.
Cuando paso, ella esta con su mirada en el piso, sé que no me quiere ver, sé que es doloroso seguir compartiendo el mismo lugar sin poder hablarnos.
Resuelvo la ecuación a la perfección, admito que los números son lo mío.
—Bueno mañana es el baile de graduación, así que les deseo lo mejor en sus vidas, luchen por sus sueños, jamás se den por vencidos. —finaliza justo a tiempo que la campana de la hora de la salida suena.
El baile de graduación, teníamos planeado ir vestidas con trajes negros, así nuestros compañeros descubrirían nuestro amor, pero como no iré ni me esfuerzo en emocionarme como los demás.
Cuando llego a casa, mis padres tienen maletas por todos lados en la entrada.
—¿Qué está pasando? —pregunto con el ceño fruncido.
—Te iras a Inglaterra hoy mismo, el vuelo sale en 4 horas. —comenta mi madre.
—Los odio con todo mi corazón. —subo corriendo las escaleras llorando.
Maldigo el día que nací, maldigo a mis padres y a todo el mundo por no aceptar un amor entre dos adolescentes.
—Cow. —escucho la voz de mi hermana detrás de la puerta.
—Por favor quiero estar sola. —contesto tumbada en mi cama.
—Ábreme. —da unos pequeños golpes en la puerta.
Respiro y abro la puerta con cuidado. —¿Qué quieres? —pregunto limpiando mis lágrimas.
Ella entra con su muñeco de nieve entre sus brazos —No quiero que te vayas —me abraza fuerte por la cintura —te voy a extrañar tanto.
—Yo más Anne, pero ellos no entienden. —comento dándole palmadas en la espalda.
—Dalia y tú hacen bonita pareja, las dos son muy bonitas. —ella solo ve algo que las personas no.
—Anne —acaricio su cabeza —desearía que todo el mundo nos viera como tú lo haces, pero no es así.
—Entonces, ahora que te vas ¿ella se quedara sola?
Asiento con la cabeza, un nudo de coraje se forma en mi garganta.
—Si la veo, yo la cuidare.
—No tienes que cuidarla Anne, ella sabrá salir adelante.
—También tú ¿verdad?
—Me esforzare. —sonrió abrazándola contra mí.
—Es hora. —la voz firme de mi madre se escucha en la puerta.
Con el uniforme aun puesto, le paso, por un lado, bajo las escaleras y sin despedirme de ellos me subo a la limosina.
—Es por tu bien. —escucho las últimas palabras de mi padre.
El chofer avanza tomando camino al aeropuerto de la ciudad, miro por la ventana tratando de nunca olvidar estos paisajes, o de no olvidar esos lugares que Dalia y yo compartimos juntas.
Al fin llegamos al aeropuerto, el chofer baja y abre la puerta.
—Aquí tiene. —me entrega mi boleto con el pasaporte.
Lo tomo y camino delante de él, deja las maletas y se retira sin más que decir.
Sin teléfono, sin laptop, nada me mandaron para poder contactarme.
Los odio. Pienso.
—Vuelo 1156-7 con destino a Inglaterra, favor de pasar a la zona de abordaje —escucho y me levanto para dirigirme al pasillo de abordaje.
—Colibrí. —una dulce voz se escucha por los pasillos del aeropuerto, esa voz que me hace erizar la piel.
Volteo y veo a Dalia corriendo hacia mí, dejo mi maleta de mano en el piso y voy a su encuentro con los brazos abiertos para recibirla.
—No podía dejar irte sin darte esto. —me entrega un llavero de un conejito.
—¡Te voy a extrañar! —lagrimas votan de mis ojos.
—También yo amor mío, por favor perdóname por lo que dije.
—No tienes que pedir perdón.
Nos acercamos hasta juntar nuestros labios los cuales están un poco salados por las lágrimas de ambas, pero sin duda es el mejor beso desde que la conocí es tan puro y sincero, pero a la vez es demasiado doloroso.
—Te amo. —pegamos nuestras frentes mirándonos fijamente a los ojos.
—Señorita, tomara el vuelo o ¿no? —pregunta la encargada de la sala de abordaje.
—Me tengo que ir. —entrelazamos las manos, y conforme avanzo se van soltando poco a poco.
Con la mirada sobre ella mis ojos son un mar de lágrimas y camino por el pasillo para abordar perdiéndola de vista.
Pase meses llorando por las noches, maldiciendo no tenerla conmigo.
La universidad en Inglaterra fue un fastidio, me quede en casa de unos familiares de mi padre, después como compensación me compro un departamento.
Cuando me mude, me independice por completo, bueno no del todo, aun recibía el dinero semanal en mi cuenta, pero siempre gastaba menos de lo que pedía.
Tuve aventuras con varios chicos para distraerlos de las aventuras que tenían con mujeres, por un momento creí ser bisexual, pero no fue así, sentía más placer al hacerlo con ellas que con ellos.
Después me involucre en las drogas, y en un momento de tristeza y depresión por ver que mi conejita ya había hecho su vida con un hombre, me llevo a la locura, así que me pase de más con las drogas, hasta que me internaron por una sobredosis.
Mis padres viajaron hasta Inglaterra para ofrecerme su apoyo, el cual rechace por completo.
Pasé un poco más de tres meses en un centro de rehabilitación, estar al borde de la muerte, me abrió los ojos, me di cuenta de que tenía la segunda oportunidad de vivir y lo iba hacer de la mejor manera.
Terminando la universidad, y con mis ahorros decidí vender el departamento que me habían regalado y me regresé a California.
Mis padres estaban orgullosos de mí, bueno eso era lo que decían, al igual se decían orgullosos por que según ellos, con esto me había dado cuenta de que una mujer no era importante en mi vida.
Con su compensación y falta de apoyo me regalaron mi primer bebé un Rimac C_Two color n***o, así como una mansión en la playa a la cual no me negué en lo absoluto y acepté encantada.
Las primeras semanas fueron difíciles, no quería salir, solo me mantenía encerrada en la mansión.
Así que en una tarde demasiado soleada tome la decisión de no cerrarme a la vida y abrirme al mundo de nuevo.
Cuando pasé por un crucero unos ojos e inocentes me piden dinero, a cambio de dulces entregué 200 dólares y me dirigí al centro comercial para comprarme ropa, zapatos y accesorios.
Estacione mi lindura recién salida de la cochera, sé que mi auto estaba emociono por haber dado su primer viaje.
Camine por la parte baja, tomo el ascensor para ir al piso tres donde están las tiendas de marca.
Entro a mi favorita, que es de Gucci, en línea vi unos vestidos preciosos, así que empecé por ahí.
En cuanto entre, mi corazón se aceleró sin entender por qué, conforme avanzo mis piernas y manos sufrieron un pequeño ataque de nervios ¿Qué me pasa?
—Buenas tardes. —aquella voz me paralizo por completo —bienvenida a Gucci.
Bajo mis lentes de los ojos para que me vea.
—Conejita. —logro decir al ver el cambio que ha tenido.
—Colibrí. —su voz se quiebra mirándome de pies a cabeza.