En este momento lo único que me calma son los colores anaranjados del cielo. Intento memorizar cada tono cálido que lo colorea pero los inquietantes pensamientos que ocupan mi mente no me permiten hacerlo. Miro como dos pájaros vuelan libremente cantando sus melodías y dando piruetas en el aire. En atardeceres como éste quisiera estar a solas con Noah en la pendiente sin nada en que pensar, solo paz entre nosotros. Inesperadamente Noah da un salto y estoy a punto de caer de su lomo. -¿Puedes avisarme la próxima vez? - Le grito molesta mientras me recupero y vuelvo a tomar el equilibrio. Mis manos tiemblan y no logro controlarlo. -«¿Estás nerviosa? Vamos, no dejaré que te hagan daño.»- dice a mi mente para calmarme, pero sigo temblando. Acaricio su grueso cabello dorado para desestr

