CAPÍTULO VEINTIOCHO Lo último que se hubiera imaginado era que McGrath le concediera acceso a la casa cuando se dio la orden de seguir adelante. También estaba sorprendida de nuevo a la velocidad con la que se había movido todo. Pasó menos de una hora entre el momento en que hizo la llamada y la llegada de un pequeño equipo a la casa en Black Mill Street. Tenía la sensación de que Bryers había presionado para que la incluyeran en el registro pero no lo preguntó. Simplemente hizo lo que le dijeron que hiciera y se unió al equipo de cuatro agentes en el pequeño porche delantero de la última casa que habían visitado durante su investigación por el vecindario. Se mantuvo cerca de Bryers mientras derribaban la puerta con un pequeño ariete. La puerta cayó con facilidad, colgando de la bisagra

