CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO Cuatro días después Mackenzie por fin podía comer lo que quisiera. Durante los tres días que siguieron al rescate de Lauren Wickline, el médico le había dicho que solo podía tomar comidas blandas como sopa, yogurt y batidos. Aunque se alegraba de que su cuello estuviera casi sanado (solo unos cuantos moratones y un pequeño esguince en el lado izquierdo), la verdad es que no le importaba no poder comer nada sólido. No había tenido mucho apetito desde que había encasquetado ese dos por cuatro en la cara del asesino. El nombre del asesino era Jim Parkerson. De manera casi anti-dramática, había confesado las muertes de Shanda Elliot, Susan Kellerman, Trevor Simms, y Dana Moore a la hora de ser arrestado. Hasta les dijo que había otros dos cadáveres que nadie había
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