Scarlett
—Te diré algo Scarlett, si quieres que tu familia siga con vida tendrás que hacer todo lo que yo diga —Iván se acercó a mí mientras apuntaba mi cabeza con un arma. Cerré mis ojos con fuerza al sentir el cañón sobre mi sien.
Esa noche estaba asustada, tan asustada como jamás lo había estado en mi vida.
—No puedo —sollocé.
Recuerdo que esa noche Iván había revelado sus verdaderas intenciones. Lo que comenzó como un simple trabajo se convirtió en una pesadilla; él me pedía participar en uno de sus negocios.
El secuestro.
—Recuerda que tú me obedeces a mí a menos que quieras ver el cuerpo de tu madre y hermana en un bote de basura.
—¡Concéntrate! —Grita Aron al ver que yo iba en último lugar.
Aquella demanda hace que deje a un lado mis recuerdos y acelero abriéndome paso entre las dos motocicletas que se encontraban justo frente a mí logrando rebasar, las porras y los gritos hicieron eco en mi cabeza convirtiéndose en el sonido de las risas de Iván aquél día.
—Está bien haré lo que digas —accedí.
—Así me gusta preciosa —sonrió—pero quiero algo más de ti Scarlett. No quiero que me veas como tu jefe, quiero que seas algo más que una empleada para mí ¿comprendes? —ante mi silencio, él continuó —te quiero a ti Scarlett y desde ahora tú serás mi chica, hasta que yo lo decida.
—No puedes hacer eso —chillé. El ceño de Iván se frunció ante mi osadía.
—Claro que puedo, comenzando ahora —y antes de que pudiera apartarlo él se deshizo de mi ropa y entró rompiéndome en mil pedazos —Eres mía ahora.
Nuevamente tomé con fuerza el manubrio tomando la delantera, el polvo de la arena se sacudía con fuerza debido a la alta velocidad con la que conducíamos.
—Sino aceptas mis órdenes puedes irte al infierno —decía mientras se movía con fuerza en mi interior sin importarle el dolor que podría provocarme.
—Eres un maldito cobarde —me atreví a decir, el rostro de Iván se enfureció aun más.
Recuerdo que esa fue la primera vez que Iván me puso una mano encima, él golpeó mi rostro con su puño haciéndome caer al suelo. La ira era desprendida por cada poro de mi cuerpo, odiaba a Iván, odiaba a mi padre por meterme en esta situación; si él no hubiera comenzado a drogarse jamás hubiera aceptado trabajar para el desgraciado de Iván para poder salvar su miserable vida.
—Eso es solo una pequeña muestra de lo que pasa con la gente que me desafía.
—Eres un maldito.
Desde esa noche, Iván solía ultrajar mi cuerpo. Me sentía utilizada, sucia, yo era tratada como un objeto sin valor; era como si estuviera pagando por un pecado del que ni siquiera era consciente, pero cuando creí que mi condena acabaría sucedió lo peor. Mi padre fue hallado muerto en un callejón, al parecer quiso robarle droga a un criminal y este lo mató, ahora mi deuda con Iván estaba saldada, había trabajado para él por más de medio año, logrando obtener la suma que debía mi padre y ahora que estaba muerto por fin sería libre.
—¿Qué es esto? —Preguntó cuándo dejé caer un cheque con el monto de cincuenta mil dólares.
—Es el pago de la deuda de mi padre. Ahora nadie te debe nada —pero la sonrisa de Iván aumentó ante mis palabras.
—Lastima, yo soy un hombre de negocios Scarlett. Lamento decirte que la deuda que tu padre tenía conmigo no se paga con un simple cheque —Iván tomó el cheque y lo hizo pedazos frente a mis ojos —la deuda de tu padre era eterna y ahora tú serás quien siga pagando, o ¿es acaso que olvidaste que eres mía?
Me quedé petrificada al darme cuenta de mi cruda realidad, no podía hacer nada para librarme de él. Estaba atrapada en las garras de un monstruo.
—Desde ahora me encargaré de que nadie te lastime —él acarició mi cabello—te trataré como una reina siempre y cuando hagas lo que digo —silencio, solo eso obtuvo de mi parte—desde ahora eres mía.
—¡Maldita sea Scarlett frena! —La voz de Aron me volvió a la realidad.
Entonces me di cuenta que los chicos que iban a delante de mi frenaron demasiado tarde provocando que se salieran de la arena, no era solo la curva, era una rampa. Freno a tiempo gracias a la advertencia de Aron, de lo contrario hubiera caído al igual que los demás a causa de mi distracción, logro pasar la curva de manera lenta y vuelvo a acelerar, la motocicleta surca los aires y caigo sobre la llanta trasera logrando pasar la rampa.
Fue entonces cuando cruzo la línea de meta llegando en primer lugar. Los gritos de euforia no se hicieron de esperar y maldiciones resonaron por el lugar.
—¡Eso fue increíble! —Dijo un chico quien supongo que era el que anunciaba las carreras —dinos amigo ¿cuál es tu nombre? —Con cuidado quito el casco de mi cabeza dejando caer mi largo cabello.
—Danka —respondo.
—¡Danka es la vencedora! —El chico eleva mi brazo reconociendo mi victoria.
[....]
—Diez, once y doce —el presentador dejó caer un fajo de billetes sobre la mano de Aron —esas son tus ganancias de hoy ¿de dónde sacaste a esa chica?
—Eso no de incumbe Franky solo dame mi puto dinero —el presentador cuyo nombre era Franky termina de contar finalizando el negocio.
—Vaya carácter que te cargas Aron pero you are the f*****g boss ¿eh? —Dice en inglés, Aron sonríe complacido; sin embargo, yo no entiendo ni una palabra.
Cuando Franky se marcha, Carlo se acerca con cara de pocos amigos, mientras que Aron no se molesta en ocultar su sonrisa de satisfacción al verlo derrotado.
—Buen trabajo Aron —felicita Carlo aunque para mí, esa sonrisa no era nada más que una hipócrita actuación —no sabía que tenías a una excelente corredora.
—Ese es mi secreto —sonríe —siempre que creas que tienes la delantera, yo ya estoy a dos pasos delante de ti —la sonrisa de Carlo se ensombrece.
—Tengo que reconocerte que eres hábil, pero ¿estás seguro de siempre tener la ventaja? Lo dudo —Carlo se acerca a mí, ignorando a Aron —además de bonita buena corredora espero verte más seguido por aquí preciosa.
—¿No tienes nada mejor que hacer Carlo? Acostarte con una puta ¿quizá? —Carlo sonríe ante el comentario de Aron.
—Tengo negocios pendientes, tú sabes —Carlo saca de su billetera una tarjeta y la pone en mis manos —llámame si aceptas mi propuesta y tú —dice refiriéndose a Aron —te veré en nuestra próxima reunión ya que solo falta tu opinión.
Después de eso se fue.
—Idiota —mascullo mientras arrojo su tarjeta a la basura.
—Bien esto concluye nuestro asunto —comenta Aron, él tenía su dinero y yo conseguí que dejara de molestarme, sencillo ¿no?
Pero por alguna razón no quería que esto terminara.
—Aron —llamo antes de que se fuera.
—¿Qué? —Él arquea una ceja con fastidio.
—Te propongo un trato —sugiero.
—No tengo tiempo para estupideces ¿de qué hablas?
—Déjame trabajar para ti —Aron me mira como si estuviera loca, pero lo gracioso era que hablaba muy en serio —déjame seguir corriendo.