Lo tenía atado a una silla, amordazado y amarrado tan bien que un segundo sería incapaz de poder soltarle con rapidez, aunque quisiera hacerlo. Incluso intentar cortar la soga era algo problemático por el tipo de material con el que estaba hecha. Alisa se había sacado el chaleco antibalas para estar cómoda, entregó su arma a Josh y este solo se quedó recostado a un pilar en espera de que el interrogatorio llegue a su fin. Ella pateó con fuerza la cara de Manuel con su pierna izquierda, dejando que la punta de metal choque en su rostro con tanta fuerza que abre parte de su ceja derecha. Ella le quitó la mordaza y cogió con fuerza su cabello para que le dirija la mirada a los ojos. —¿Vas a hablar? —preguntó firme. —¡Estás loca! —aún se quejaba del dolor de su pierna por el disparo, cues

