El día había terminado, así que Eider tomó sus prendas que la ayudaban a cubrirse del frío para irse por fin a casa, la misma rutina de siempre— pensó esta, aunque aquel día no había estado del todo sola, detrás de ella, a una distancia considerable, él, Devil se encontraba vigilándola, tal parecía que en verdad iba a cumplir con aquella vigilancia. Después del desayuno no había mencionado nada más, simplemente se había quedado en silencio con ciertas miradas al lugar, de cierto modo aquello fue algo tranquilizante para la castaña. —Está bien, todo está bien— balbuceó esta cuando por fin se apartó de los abrigos, con una última mirada observó al nieto del dueño. —Adios Eider, suerte— se despidió este sin dejar de cobrar ciertos libros, siendo honesta, Eider prefería no tener mucha comu

