El humo del tabaco era el olor principal en aquel jardín trasero de la familia Alcalá, Eider disfrutaba de su tiempo en soledad, sus hermanos no estaban en casa y su madre no salía de cama, así que prácticamente estaba sola, disfrutando de aquel veneno y observarlo los rosales que una vez su padre plantó para ella, ella había amado las flores desde pequeña y todo aquello había cambiado por sus pensamientos estúpidos— pensó. —Hola cariño— Escuchar aquella voz la hizo saltar y tirar aquel cigarrillo lejos de ella, temerosa miró a la mujer con una bata blanca y cabellos revueltos. —Madre— balbuceó al sentir como aquel humo subía haciéndola toser involuntariamente, por primera vez Eider temió a sus acciones. —¿Desde cuándo tienes esa relación con el tabaco?— preguntó Lidia sin mucho

