—No es real— susurró la pequeña, Eider sin poder atreverse a mirar atrás y comprobar lo que su instinto le dictaba. —Como te seguía contando, he estado viendo a una psicóloga, me ha recetado pastillas y ciertas gotas las cuales me niego rotundamente a probar— contó a la sepultura de su padre, con fuerza cerro los ojos, pudo escuchar aquellos pasos tan firmes detrás de ella. —Eider— ella salivó sin querer abrir los ojos, ese tono de voz no podía ser de nadie más— pensó con impotencia y ganas de llorar. —j***r— pronunció, odiaba tener aquella curiosidad incontrolable, después de segundos en donde el silencio reino ella abrió los ojos lentamente.—No— era él, frente a ella, luciendo aquel traje oscuro y esas marcas o esa aura oscura, superior a cualquiera, ese aspecto tan... Perfecto. —N

