36. La incómoda cita

1805 Palabras

—¿Qué ha dicho, señor Wolfsbone? —cuestionó Emily, sin poder creer lo que había escuchado. —Que te sientes aquí, apresúrate. No me hagas repetirlo dos veces. Emily buscó de inmediato a Campbell, como si buscara ayuda en él, pero el mayordomo simplemente la alentó con desgana, haciendo un gesto para que obedeciera la excéntrica propuesta de Alexander. Con gran vergüenza, encontró una silla con elaborados diseños en el respaldo y cojines mullidos, y se sentó junto a Alexander, quedando frente a la mirada desaprobadora de la señorita Fitzwilliam. —Señor Wolfsbone —empezó a hablar Isabella, con su voz delicada y refinada—, ¿podría saber por qué invitó a la sirvienta a acompañarnos en nuestra cita? Alexander había invitado a Emily porque su exquisita esencia natural eclipsaba el aroma desag

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