— A mí me gustan las rosas blancas.
— Las rosas rojas le darían un toque autentico.
— Yo creo que las orquídeas son las indicadas.
Y a mí me parece que esto ya se convirtió en una pelea absurda sobre que flores debo llevar en el ramo. Están Karly, Darly y Juliet en mi casa terminando de arreglar los últimos preparativos de la boda, faltan 10 minutos para las 11 y yo aún no he podido salir de aquí.
— Que les parece si las juntamos todas y hacen un ramo original.— Propongo ya cansada de esta ridícula pelea.
Todas dejan de pelear y me miran sorprendidas.
¿Qué? Tampoco es para tanto.
— Que gran idea.— Me felicita Juliet con una gran sonrisa dirigiéndose al portátil para crearlo.
Las chicas me abrazan para irse junto con mi suegra. Yo me quedo hay viendo como están entretenidas y creo que es mi hora de desaparecer.
— Bueno ustedes sigan hay, yo voy al súper por unas cosas.
— Bien.
— No te tardes.
— Me traes un pote de helado de chocolate con galleta oreo.
Luego de eso siguen trabajando y yo salgo disparada hacia la puerta principal con mi bolso y llaves.
Salgo de casa y voy a la esquina en donde he quedado con Ian. Luego de caminar un par de minutos llego y lo encuentro recostado en su auto.
Más guapo imposible.
En cuanto me ve dirigirme a él sonríe, al llegar me toma de la mano y me jala hacia él, coloca sus manos en mi cintura y me besa.
Es un beso lento, sus labios son suaves, subo mis manos a su cuello entrelazándolas por detrás de su cuello y le sigo el beso; al separarnos me da un pequeño beso en los labios.
— No sabes cuánto extrañaba besar, estos labios.— Pasa su pulgar por mis labios.
Sonrojada lo abrazo y me escondo en su cuello.
— Yo también te extrañe.
— ¿Mucho?
Mueve mi cabello aun lado dejando mi cuello libre y le da un pequeño beso.
— Si.— Digo en un susurro por las emociones que me hace sentir.
— Bien, creo que ya es hora de irnos.— Me informa.
Me da un beso para luego acompañarme hacia la puerta del copiloto donde abre la puerta para mí.
— ¿A dónde iremos?— Le pregunto luego de que ambos estuviéramos dentro del auto.
— Ya lo veras.
Me da un pequeño beso para luego arrancar con un destino desconocido para mí. Pasamos todo el camino hablando y ponernos al día luego de tanto tiempo sin vernos.
…
Veinte minutos después para delante de un portón, este se abre cuando el aprieta un pequeño control en el tablero del auto, cuando pasamos el portón nos recibe una casa o mejor dicho mansión blanca gigante.
Estaciona delante de la casa, baja del auto así que copio su acción, miro alrededor y luego a Ian algo confundida. Pensé que almorzaríamos en un restaurante.
— ¿Dónde estamos?— Pregunto cuando llega hasta mí y me agarra de la mano para llevarme a la puerta de la casa.
— Bienvenida a nuestra casa.
Abre la puerta para dejarme pasar. Su casa no es para nada como me la imagine, tiene un toco moderno pero sin exagerar, fotos familiares colgadas, las paredes y piso de color blanco y la decoración de color dorado, un poco exagerado con el color dorado pero me gusta.
— ¿Y? ¿Qué te parece la que será tu nueva casa?
Me abraza por detrás y entrelaza nuestras manos hacia delante.
— Es hermosa.
— Qué bueno que te guste, mi madre y mi nana me ayudaron.
— Les quedo muy linda.
— Tu eres linda.— Besa mi mejilla.
Me doy la vuelta y lo beso, aun no sé qué somos pero cada vez me siento con más confianza con él pero el beso no dura mucho porque escuchamos la puerta de la cocina. Me separo de Ian pero no me deja ir muy lejos, me agarra de la cintura y me pega a él.
— Nana te quiero presentar a mi futura esposa, ella es Isabella, preciosa ella es mi nana María.
Ella me regala una gran sonrisa dirigiéndose hacia nosotros, sus ojos brillas de emoción.
— Mucho gusto señora me puede decir Isa o Bella.
Sin esperarlo ella me envuelve en un abrazo, aturdida se lo regreso.
— Me da tanto gusto conocerte por fin, eres más linda de lo que me conto mi niño Ian.— Miro al nombrado pero este está mirando para otro lado, suelto una pequeña risa por eso.— Y nada de señora dime María o nana como quieras.
— Muchas gracias María.
Cuando por fin María me suelta, Ian me toma de la mano y mira a su nana.
— Nana ¿Está todo listo?
— Si mi niño.— Le guiña un ojo y luego se dirige a la cocina.
— ¿Qué está listo?— Pregunto confundida mientras me guía hacia el patio trasero.
— Es parte de la sorpresa.— Se lleva mi mano a su boca y deposita un beso en ella.
Seguimos caminando hasta que veo un invernadero, miro a Ian cuando llegamos a la puerta.
— Sé que tendrás que dejar algunas cosas que son imposibles de traer, también se lo mucho que te gustan las plantas y flores por eso mande a remodelar este invernadero y puedas tener tu propio espacio.— Sin más abre la puerta.
Entro y yo todavía estoy sorprendida por todo lo que hizo.
Esto es maravilloso.
— No remplaza el que tienes en casa de tu padre pero podrás remodelarlo cuanto quieras.— Me dice a mis espaldas.
— Esto es perfecto, Ian.
— Bueno este es uno de mis regalos de boda.
— ¿Uno? ¿Acaso hay más?
Doy la vuelta y me sorprendo aún más cuando lo veo.
¿Que?