La oscuridad antes del amanecer El eco de los disparos aún resonaba en las paredes del refugio. Alexander, con la mandíbula apretada y su mirada fija en la salida, sabía que no podían quedarse ahí por mucho más tiempo. Aunque habían logrado repeler la primera ola de ataques, el enemigo estaba reorganizándose, y era cuestión de minutos antes de que lanzaran un segundo asalto más feroz. Emma, aún con la adrenalina corriendo por sus venas, observaba la escena con una mezcla de determinación y preocupación. No era solo su vida lo que estaba en juego, sino también la de Alexander, Sergei y su hermana Sofía. Su mente trabajaba a mil por hora, tratando de encontrar una manera de salir de esa situación. —Tenemos que movernos —dijo Alexander en voz baja, acercándose a Emma. Su tono era autoritar

