Me cambio tan rápido como puedo, dejando las cosas que he traído en mi maleta, tal cual las he empacado. No guardo nada en el closet, ni siquiera saco las cremas para mi cabello y para mi piel. Me quedo un rato sentada sobre la orilla de la cama no sabiendo qué hacer. Parece un mal chiste que justo el tipo que me derramó el café sobre el vestido en son de venganza, y que me quitó el asiento de la ventana en el avión, sea el mismo hermano de Sam, y quién está en la habitación de enfrente, cruzando el pasillo. Pero lo más increíble es que me haya visto desnuda sin tanta gracia, solo porque yo, de torpe, olvidé cerrar la puerta de la alcoba. —Emma… —Doy un respingo cuando Sam toca mi puerta dos veces con el puño y me llama. Significa que ya está lista y viene por mí para que vayamos a cenar

