Capítulo 3 - La Primera Herida

510 Palabras
Capítulo 3 - La Primera Herida. El cristal estalló antes de que Helena pudiera moverse. Un disparo. La copa de champagne que había dejado sobre la barra se hizo añicos, salpicando líquido dorado y esquirlas sobre la superficie de mármol. Un murmullo de terror recorrió el salón mientras algunos invitados gritaban y otros se apartaban, buscando protección. Helena sonrió. —¿Tan rápido hemos llegado a esto? —musitó, sin apartar la vista de Alexander. Él no tenía el arma en la mano, pero no necesitaba sostenerla para ordenar el disparo. Siempre había sido demasiado cobarde para ensuciarse las manos directamente. En cuestión de segundos, la seguridad privada irrumpió en la sala. Hombres corpulentos, vestidos de n***o, rodearon la zona, apartando a los invitados que no tenían nada que ver con la inminente tormenta que estaba por desatarse. Victoria Moreau retrocedió, con el miedo pintado en su rostro, pero Alexander… él la miraba como si estuviera viendo a un fantasma que se negaba a desaparecer. Helena dio un paso al frente. —Matarme una vez no funcionó. ¿Por qué piensas que funcionará ahora? Alexander apretó la mandíbula. —¿Cómo sobreviviste? Helena ladeó la cabeza. No era el momento de responder esa pregunta. —Esa historia es larga —dijo con calma—. Pero créeme, Alexander… la parte más interesante es la que empieza esta noche. Sus ojos se encontraron con los de uno de los guardias que rodeaban la sala. Markus. Él no era parte del equipo de seguridad de Alexander, pero se había infiltrado con facilidad. Era su as bajo la manga. Helena movió apenas dos dedos en un gesto imperceptible. Markus entendió la señal. En un parpadeo, las luces del edificio se apagaron. El caos estalló. Gritos, movimiento, el sonido de sillas y mesas volcando contra el suelo. Helena no se quedó quieta. Se deslizó entre la multitud con rapidez, sus pasos seguros incluso en la oscuridad. Sabía exactamente dónde estaba cada salida, cada obstáculo, cada punto débil de la estructura. Porque se había preparado para esto. —¡Encuéntrenla! —rugió Alexander en la penumbra. Pero era tarde. Ella ya se había convertido en una sombra. Un Pasado que No Se Borra Corrió por los pasillos del edificio, sorteando las cámaras de seguridad con movimientos calculados. Sabía que no tenía mucho tiempo antes de que restablecieran la electricidad. Markus ya la esperaba en la azotea. —Tienes exactamente sesenta segundos antes de que vuelvan las luces —le informó, lanzándole un casco n***o. Helena lo atrapó al vuelo y lo aseguró en su cabeza. Frente a ella, una motocicleta rugía, esperando por su escape. —Nos vemos en el punto de encuentro —dijo ella, subiendo de un salto. —Cuídate. Encendió el motor y aceleró justo cuando las luces del edificio volvían a la vida. Desde las alturas, Alexander corrió hacia la barandilla de vidrio de su penthouse, observando cómo Helena desaparecía en la noche de Tokio como un susurro de venganza. El juego había comenzado. Y ella tenía la primera jugada ganadora.
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