Capítulo 57 – La Tempestad que Acecha

2207 Palabras

El amanecer encontró a Helena sumida en un sueño inquieto. Desde el ventanal de su penthouse, la luz gris del cielo cubierto apenas se filtraba entre las cortinas, y la ciudad de Tokio se desperezaba con un rumor distante de motores y pasos apresurados. A pesar del cansancio que arrastraba, las últimas horas le habían concedido un descanso parcial. Se removió en la cama, notando la presión constante en su vientre, un recordatorio silencioso de que su embarazo ya estaba en la recta final. Despertó con un ligero sobresalto, producto de una punzada en la espalda que la obligó a incorporarse. Al abrir los ojos, descubrió a Sebastián observándola con el ceño fruncido. Él, sentado en un sillón cercano, sostenía una taza de café que ya se había enfriado, y su expresión reflejaba la preocupación

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