La ciudad de Osaka resplandecía bajo la luz de la luna, reflejándose en los ventanales del lujoso penthouse donde Helena y Sebastián se refugiaban tras la intensa confrontación con Ricardo. La victoria aún palpitaba en el aire, pero el peligro no había desaparecido por completo. Sin embargo, en ese momento, con el mundo a sus pies, Helena solo quería disfrutar de lo que realmente le pertenecía. Sebastián, sentado en el sofá con una copa de vino en la mano, la miraba con intensidad. Helena se acercó lentamente, deslizándose como una depredadora que saboreaba su próxima presa. —¿En qué piensas? —susurró ella, tomándole la copa y bebiendo un sorbo sin apartar la mirada de sus ojos oscuros. —En lo jodidamente increíble que eres —respondió él, dejando la copa a un lado y tomándola de la cint

