DIECINUEVE Caitlin corría atravesando un campo de espinas. Éstas le arrancaban pedazos a su izquierda y derecha, el dolor era insoportable. Mientras el campo se cerraba más y más sobre ella, algo le decía que tenía que seguir corriendo, porque era su única salida. En el horizonte había un sol enorme, de color rojo sangre, y pudo ver la silueta de su padre delineada. Ella corría y corría, tratando de llegar hasta él. Pero, de repente, el sol se ocultó muy rápidamente y el cielo se tornó n***o. En su lugar, se levantó una gran luna, roja como la sangre, y cubrió el cielo entero. Las espinas se hicieron más gruesas, cortaban a Caitlin cada vez más profundo. Pero sabía que, si lograba alcanzar a su padre, todo estaría bien. La silueta de su padre estaba cada vez más y más cerca y, en cuest

