VEINTICINCO Sam corría por los pasillos debajo del Ayuntamiento, más y más rápido, doblando y girando. No podía creer lo que acababa de hacer. Su propia hermana. Había intentado matarla. ¿Por qué? ¿Acaso él había hundido tanto? Hasta ese momento, desde que había sido convertido, se había sentido fuera de control, como si estuviera en una nube. Le había sido muy difícil pensar con claridad, apropiarse de su nueva piel, su nueva vida. Era como si una ola gigante lo hubiese arrastrado. Pero ahora, los efectos de la conversión estaban desapareciendo y, finalmente, podía ver con claridad, pensar por sí mismo. Se dio cuenta de que había cometido un error. Nunca hubiera querido hacer nada de eso. Detestaba a Kyle y a toda la cofradía. Se dio cuenta de que Samantha había estado controlándolo. E

