—¿Un robo del cadáver por parte del sanedrín? —había propuesto Pedro a Juan. Después de haber reflexionado, habían concluido que los jefes de Israel no habrían conseguido ninguna ventaja con la desaparición del cuerpo: por el contrario, no habrían querido que se diera crédito a voces de prodigio. Los dos habían razonado también que habría sido mucho más cómodo para los ladrones, y completamente natural, llevarse el cuerpo envuelto en la sábana, no desenvolverlo primero y luego transportarlo. Y además, habían advertido que el tejido fúnebre de lino en el que se había envuelto el cadáver no yacía en desorden, sino sencillamente arrugado, como si el cuerpo se hubiera desvanecido en su interior. Habían concluido que, a menos que algunos desconocidos hubieran organizado una puesta en escena po

