—Nos gustaría entenderte mejor —había dicho el jefe de la sinagoga. Saulo había tomado la palabra: —Jesús el Mesías no había venido a reformar el templo y los actos del culto, no era así como había querido propiciar a los judíos el favor divino y menos aún había actuado a fin de que la benevolencia del Cielo llevara a Israel a la conquista del mundo con las armas bajo su comando regio: ¡esta no era la figura del Mesías anunciada por los Profetas! Tampoco era un simple profeta, sino que era la misma manifestación en la tierra del invisible Padre divino, su misma Palabra de Verdad. Enseñaba que la institución religiosa impedía la comunión con el Altísimo y por esto no había ni siquiera tratado de reformarla, sino que sencillamente la había condenado, indicando el paso de la religión del te

