CAPÍTULO 23 —Leila, ya me puedes soltar —mascullo deshaciéndome de su brazo que se encuentra enrollado al mío como si fuera una lapa. Las mellizas prácticamente se hablan con las miradas por lo que puedo casi viajar al pasado, con más exactitud en nuestra infancia, cuando desarrollaron aquello que mis padres se habían informado que se llamaba criptofasia. Su propio lenguaje secreto en el que disfrutaban conversar, Leonard y yo nunca entendimos mucho al respecto para aquel entonces, pero ahora mismo creo estar en presencia de ello nuevamente. —Tienes que contarlo todo —dice Astrid sin ocultar su emoción avasallante, sus ojos se achican al mostrar una gigante sonrisa, casi demostrándome lo mucho que le gustaría que le confirme lo que ellas sospechan con tanta emoción. Sé que ella quiere

