El fin de semana lo pasé de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, los dos días en los que quería simplemente estar acostada y dormida, tuve que levantar mi trasero para trabajar. Sé que necesito el dinero para sobrevivir pero a veces mis ánimos están tan bajos que a duras penas puedo respirar. El domingo, cuando el medio día llegó y vino mi hora de salida, quise realizar el cambio más drástico que he hecho hasta ahora (aparte de no trabajar en algo relacionado con mi jodida carrera estudiada), me decidí a que era hora de cambiar la rutina habitual, era hora de finalmente pedirle a Joe que si podía extender mi horario de trabajo hasta que la cafetería cerrara. Era lógico que su primera reacción fuera de sorpresa y de verme como si un extraterrestre me hubiera comido el cerebro pero finalmente aceptó mi alocado cambio. Así que hoy lunes, como una profesional en servir café y regalar sonrisas a clientes que a veces no son tan amables, terminaré mis horas laborales hasta las pinches seis de la tarde. ¡Bien hecho, Valeria! Para mi "adorable" sorpresa, la compañera que me toca para servir café en la tarde es la detestable de Karen, juro que esa mujer come cebolla o posiblemente bebe poción de "odio hacia el mundo" en las mañanas en lugar de café. Nath durmió en mi casa todo el fin de semana, dijo que su padre estaba jodiendo mucho con el asunto del premio que ella recibió en su lugar y que las fotografías que le enviaron fueron horrorosas, no eran dignas ni tan poco eran bien vistas para ser de la hija de un diseñador como él. Maldito viejo estúpido, ojalá se diera cuenta la calidad de hija que tiene. Mientras limpio la mesa junto a la ventana, me estoy dando cuenta que amo aún más el horario de la mañana en la cafetería, los estudiantes y los trabajadores que llegan son tan tranquilos que casi no hay trabajo que hacer, solo es esperar que beban y coman sus desayunos, rogar que no esperen el almuerzo y luego limpiar sus mesas. Es sencillo y cómodo o al menos lo era cuando yo no había abierto mi enorme boca para decir que quería trabajar más. Una de las ventajas de tener a Nath en mi casa es que he evitado pensar en lo que sentí cuando estuve atrapada entre las garras de la viva imagen de lujuria, la verdad no he tenido tiempo para pensar en él ni en la extraña sensación que tenía cuando se fue y ahora es muy tarde para pensar en todo eso, ya el efecto del encanto pasó factura. Termino con la mesa y vuelvo a mi sitio tras el mostrador desde donde puedo ver absolutamente todo el local, incluyendo el enorme televisor colgado de la pared que justo en este momento esta presentado una imagen del mismísimo Gabriel Stoker. No sé si es normal que ahora vea a esos locutores como unos envidiosos que solo desean hacer lo mismo que hace Gabriel casi que todas las noches. Una sonrisa bastante tonta se dibuja en mis labios ante el recuerdo de ese momento en el bar, la curiosa sensación que me dio al ver su calmada actitud solo me hizo darme cuenta que en él no hay rastro de miedo o de inseguridad por lo que hace o no. -Valeria...-mi compañera sujeta mi hombro con delicadeza y me trae de vuelta a la realidad.-llegaron clientes...-esas dos palabras siempre me dan unas fuertes ganas de querer morir. Quito todo pensamiento de adolescente deprimido o más bien, de deseo de muerte que ha venido a mi cabeza de repente y me paro derecha en mi sitio para esperar a que los clientes se acerquen. Juro que en cuanto trabaje en lo que realmente amo, esta pereza que domina mis sentidos todo el tiempo se va a evaporar. -No llegaron clientes, llegué yo...-dice una adormilada Nath acercándose a mi lado del mostrador, con unos lentes de sol bastante modernos y muy dignos de ella.-y si no me dan café ahora mismo, haré un maldito desmadre en este sitio...-le doy una mirada de "hazlo ahora" a mi compañera y ella le sirve de inmediato una enorme taza de café.-juro que mataré a mi padre algún día...-se quita los lentes de sol y deja al aire esos hermosos ojos verdes que posee. Juro que esta chica jamás tuvo que haber estudiado diseño, ella nació para ser modelo.-¿cómo amaneciste solecito mío? ¿O debería llamarte...-acuesta el abdomen sobre el mostrador para acercarse aún más a mí y así poder susurrarme.-señora Stoker?...-sabía que había sido un jodido error haberle contado lo de esa noche, algo me lo gritaba en el interior de mi cabeza pero ignoré a esa jodida voz y simplemente le escupí todos los detalles de esa noche. -Cállate y bebe el café...-digo extendiendo la taza de café frente a ella. Me tira un beso y me arrebata la taza de la mano para bebersela sin soplar ni detenerse para chistar por la quemazón.-te dije que no bebieras ayer pero no me hiciste caso...-me da una mirada de odio y sigue bebiendo hasta que prácticamente se lo acaba todo. -Hay un ochenta por ciento de probabilidad de que me haya vuelto más joven por beber ayer ¿lo sabías?...-sus escusas para justificar su hábito de beber van cada vez peor. -Lo único que veo en ese rostro de veintiséis años son unas ojeras que llegarán al suelo si sigues desvelandote así...-me da la taza de café vacía con una cara de depresión y tristeza. A veces creo que bebe de esa forma para olvidar al hombre que le tocó como padre pero ella jamás me lo dirá porque cree que mi odio hacia su padre aumentará. Si supiera que eso es imposible, es que ya mi nivel de odio hacia ese hombre ha superado la línea. -Odio que tengas razón...-se para derecha en su sitio y se coloca nuevamente los lentes de sol.-debo ir a trabajar...-hasta su voz carga una exagerada carga de tristeza y depresión. Comienza a caminar hacia la puerta, con ese aire de tristeza y pesadez que siempre me activa algo en el corazón. -Oye...-gira su rostro para mirarme.-si necesitas ayuda, sabes que no dudaré en ir hacia ti...-una sonrisa radiante empieza a dibujarse en sus labios ante eso. -Te amo, Valeria Rowell...-le mando un beso en el aire y ella sale del local. Es un hecho que si ella me necesita, por más trabajo que tenga en este lugar, iré corriendo. El día sigue transcurriendo tan lento que, sin darme cuenta, la pereza y el sueño comienzan a atacar pero no puedo darles la oportunidad de vencerme, no cuando estoy empezando a trabajar más que antes. Para colmo de males, el calor hace que el día se sienta pesado pero si me ponen a escoger entre lluvia o calor, prefiero mil veces el jodido calor. Cuando el reloj marca las tres de la tarde, la gente que entra al local es aún más que la que vino en la mañana. Sinceramente nunca había estado por las tardes en este sitio y no sabía que esto sucedía pero si me lo hubieran dicho, quizá jamás hubiera abierto mi boca para pedir más horas de trabajo. -Oye niña, ahora mismo pareces un maldito ratón escondiéndose tras el mostrador, compórtate como una profesional y párate derecha...-esta maldita de Karen me va a oír. Giro todo mi cuerpo hacia ella y la miro directamente a los ojos. -Mira anciana, me vale una mierda cual sea tu problema con la humanidad y todo lo bello que tienes alrededor, a partir de ahora seré tu compañera por las tardes así te guste o no, así que empieza a tratarme con respeto o te tiro ese puto pichel con café caliente en la cara ¿entendiste?...-no sé si he sobreactuado o no pero creo que alguien debía parar a esa mujer y ese alguien debía ser yo.-haremos dos filas para atender y nos turnaremos para limpiar las mesas...-me acerco nuevamente a mi caja registradora y trato de hacer que baje el tuco de rabia que llevo atorado en la garganta por su culpa.-profesional mi pie...-digo muy bajo para que la cliente que esta por acercarse no me escuche. Para mi sorpresa, ella acata la orden que he dado y les indica a los clientes, con una amabilidad muy fuera de su habitual actitud hostil, que se dividan en dos filas. Parece que ahora sí funciono bastante bien cuando me hablan mal. ¿Por qué no fue así cuando Kaan me habló mal en la jodida fiesta? Mi fila avanza tan rápido que casi me sorprende que sea yo quien los ha atenido, me cuesta admitir que si me hace bastante bien trabajar todo el día, me quita todo rastro de vagabundería del cuerpo. Sé que es extraño viniendo de mi y posiblemente me tendré que hacer un lavado cerebral después de esto pero creo que este trabajo empieza a gustarme. O al menos eso creía porque todo estaba yendo muy bien hasta que la muy hija de la v***a de Karen tiró a propósito uno de los platos con el pedido que uno de sus clientes no quería en mi lado del mostrador y yo tuve que recoger todo el desmadre que este hizo, con mis clientes frente a mi caja. -Parece que sucedió un desastre ahí dentro ¿eh?...-me da gusto que a quien vaya a atender sea un hombre, diría que por la forma en la que ha bromeado con esto, es un hombre amable que puede esperar un segundo mientras limpio todo. Le doy una mirada cargada de odio y advertencia a mi compañera mientras termino de recoger el desastre. -Parece que la muy profesional no puede mantener sus jodidos tentáculos queditos...-me incorporo en mi sitio, tragando la rabia por segunda vez en este día y haciéndome la idea de que si mato a mi compañera ahora mismo, iré a la cárcel.-disculpe la tardanza, ¿puedo tomar su...-cuando alzo la cabeza para mostrar mi mejor expresión, la viva imagen de la lujuria aparece frente a mí. No es como si fuera la primera vez en este día que lo veo, ya lo había visto en el noticiero hoy en la mañana pero verlo en persona es extraño y casi parece inusual. -Hola Valeria...-dice antes de obsequiarme una sonrisa radiante. -Hola señor Stoker...-ahora soy yo la que ha obsequiado una sonrisa.-¿qué desea ordenar?...-alza la mirada a la tabla encima del mostrador que tiene el menú y lo ojea atentamente. -Me regala un café n***o, sin leche ni azúcar y de preferencia bastante fuerte...-baja la mirada al mostrador y comienza a ojear los postres que se encuentran ahí.-¿hay algún bocadillo que no sea dulce aquí?...-debido a la tabla que se encuentra en este lado del mostrador, no puedo ver los postres pero si conozco el orden de todos. -Todos los de la primera fila son salados pero hay uno que destaca...-alza la mirada del mostrador y la clava en mí.-el de la segunda fila tiene cierto picante que deja con ganas de más...-baja la mirada nuevamente al mostrador y comienza a buscar el que le he dicho. -No sé a cuál se refiere...-me paro de puntillas, aunque sé que es inútil porque igual no veré nada y señalo la fila que tiene el bocadillo que le he dicho. -Esta al final de esta fila...-él sigue ojeando en la dirección que le he dicho pero parece que no puede encontrar el que le he indicado. -Creo que debería venir aquí y decirme cuál es...-creo que no tengo remedio. Hago el intento de abandonar mi puesto pero Karen me hace cara de muerte y prácticamente me grita con los ojos que vuelva a mi puesto o me matará. Que maldita hija de su madre. -Parece que deberé ingeniar algo rápido...-digo más para mí que para cualquier persona. Me encantaría hacerle la vida imposible a esta tipa pero ahora mismo no tengo tiempo para pensar en venganzas, sino en atender. O quizá pueda hacer las dos cosas a la vez y dejarla a ella en el vórtice de la humillación. Me acerco lo más que puedo al mostrador, sin la más mínima idea de que demonios estoy por hacer y pego un ligero brinco para subirme sobre el. Rio victoriosa porque sé que la estúpida de mi compañera me esta viendo y posiblemente me quiera matar pero si ella no me dejó salir de este sitio, haré todo lo posible para ayudar a mi cliente. Me muevo un poco, con mi estómago sobre la tabla que me impedía ver los postres y finalmente puedo observar el bocadillo que le he indicado. -¿Este?...-dice él señalando el bocadillo que estoy señalando yo. -Sí, es el más...-cuando alzo la cabeza para mirarlo, su rostro está tan cerca del mío que puedo sentir su respiración y su calor. Debo admitir que viéndolo de cerca, se ve aún más atractivo y más como una bomba de tentación para toda mujer que lo vea.-es el que creo le puede gustar...-no es que sienta nervios hacia él o alguna cosa parecida pero cuando un rostro esta tan cerca de mí, me siento como una niña pequeña. -Entonces escojo ese...-dice tan suave y tan bajo que casi creo que ha sido en mi cabeza que ha sonado.-por cierto...-roza ligeramente su mejilla con la mía mientras acerca sus labios a mi oído.-llámeme Gabriel...-dice en un susurro. No sé que demonios está sucediendo pero esas simples palabras han enviado una jodida corriente eléctrica por toda mi espalda. Me bajo del mostrador, evitando ver sus ojos o rostro en general y agrego el bocadillo a su pedido en la caja registradora. El calor ha aumentado y casi creo que es por haberme subido en esta mierda para enseñarle el jodido pedazo de masa chilosa. Preparo rápidamente el pedido, con el corazón tan alborotado como un pájaro en una jaula y se lo entrego. Hago mi mayor esfuerzo para evitar a toda costa su mirada pero es imposible, hay algo en ella que me atrae y hasta me hace perder la compostura. Por un instante creí que él se iría del lugar pero en su lugar, ha ido a sentarse junto a un grupo de empresarios que parecen gustosos de recibirlo en su mesa. Honestamente no sé que putas me pasa con este tipo hoy pero quiero hacerle caso a aquella sensación de peligro del otro día y simplemente alejarme de él lo más que pueda. Una vez que he atendido a todos mis clientes, salgo del mostrador y comienzo a recoger todos los vasos sucios de las mesas vacías. Es mejor que termine todo lo que me toca ahora antes de que me toque quedarme con Karen a solas después de cerrar. Mientras paso el trapo sobre la fina madera de la mesa que se encuentra en el exterior del restaurante, el familiar brillo de un rayo en el cielo me hace detenerme de golpe y alzar la mirada lentamente hacia la enorme masa que estaba pintada de azul hace unos momentos pero que de un segundo que otro, se ha tornado oscura por las nubes de lluvia. -Valeria...-giro mi rostro rápidamente hacia Jane, mi otra compañera de la tarde y que me cae mil veces mejor que la odiosa de Karen.-dice Joe que termines con esta mesa y te vayas a casa antes de que caiga la lluvia...-asiento con la cabeza en respuesta y me apresuro a recoger la bandeja con toda las cosas sucias para llevarlo de vuelta a la cocina. Entro nuevamente al restaurante, como alma que lleva el diablo hasta la cocina y dejo las tazas en el lavabo, con cuidado de no quebrar nada. Debo apresurarme para llegar a casa antes de que caiga la lluvia. Salgo rápidamente de la cocina y cuelgo el delantal blanco que llevaba sobre el uniforme en el perchero en el que tenía colgado mi bolso y abrigo. Paso junto al mostrador, sin darle vuelo a mi impulso de mirar a esa mujer para hacerle una seña obscena con el dedo por su estúpida acción de hace un rato. -Debe sentirse bien tener el favor del jefe...-me detengo en seco en mi sitio ante ese comentario estúpido de esa víbora detestable.-debes de hacerle un buen trabajo para que él haga esto por ti...-no sé porque pero algo me impulsó a clavar la mirada directamente en Gabriel quien, para mi sorpresa, esta viendo hacia mi dirección. Es la tercera vez que la rabia domina mi sistema en este día pero esta vez no me voy a contener. Giro lentamente hacia ella y camino los escasos metros que me separan del mostrador. -Mañana también debo trabajar hasta tarde y tú serás mi compañera en el mostrador...-sin que se lo espere, sujeto el cuello del vestido de su uniforme con fuerza y la atraigo hacia mí para susurrar.-te sugiero que controles los impulsos de tu concha o yo misma meteré hielos en ella para que se te baje la excitación que tuviste hoy a la hora de hacerme casi perder un cliente con tu juego de tirarme las sobras de tus clientes...-la suelto con brusquedad y sigo mi camino hacia la salida. A ver si con eso ya se le baja la puta majadería de joderme la vida. Doy gracias al cielo de que la lluvia aún no ha caído o de lo contrario tendría un severo problema que tendría que resolver rápidamente. Examino el ambiente para comprobar si me da tiempo de llegar a casa sin mojarme pero el cielo no me da tiempo ni de pensarlo mucho porque de inmediato suelta la lluvia. Para mi desgracia, no metí mi sombrilla al bolso esta mañana cuando salí de casa y ahora parece que debo mojar hasta mis bragas por culpa de mi descuido. Reúno todo el valor que tengo en mi cuerpo y me dispongo a salir del techo del restaurante en el que me estoy tapando, cuando veo como una sombrilla se abre frente a mis ojos y se mueve lentamente hacia arriba para taparme. Giro mi rostro lentamente hacia el lado desde el que ha venido la sombrilla y de inmediato tengo frente a mí la imagen del mismísimo Gabriel Stoker, sujetando la manilla de la sombrilla con firmeza y con la mirada fija en mis ojos. -Creí que lo iba a necesitar...-dice con mucha naturalidad. Este tipo me resulta cada vez más interesante. -¿Por qué no hizo ruido alguno? Hubiera seguido avanzando sin darme cuenta de usted...-se lo piensa unos instantes antes de responder. -La hubiera seguido de ser necesario pero no hubiera permitido que se mojara...-no sé que demonios es esto que hay aquí pero puedo entender porque las chicas caen tan rápido a sus pies. Sus palabras con ese tono seductor, sus miradas atentas a cada movimiento que hago y esa electricidad que me hace perder la compostura ante él deben ser precisamente sus armas secretas para conquistar. Lo que me deja en la oscuridad de la duda es el porqué de que las este usando con una chica como yo, alguien como él puede tener a cualquier chica de clase alta a sus pies. ¿Por qué yo?