Claro. Como toda buena princesa, debía tener un corazón bondadoso, el cual no pudiera decir 'No' a ningún favor solicitado. Y por lo mismo, llevaba puesto un vestido n***o amarrado al cuello, bastante recatado por delante, y con un escote generoso por la espalda, y subida a unos tacos rojo pasión, que combinaban con el color de mis labios. Atrás había quedado la secretaria que no salía de noche, y si lo hacía, era con unos jeans gastados y una playera poco favorecedora. Sí señor. Verifiqué tres veces llevar en el bolso de mano lo necesario para una huida rápida: Mi móvil. Siempre podía llamar a Karen, o a Cristián, quienes se comprometieron a estar atentos a cualquier señal, aunque estuvieran de fiesta. Sonó mi móvil con la entrada de un mensaje. 'Estoy abajo.' Miré mi reflejo y bast

