La mujer seguía hablándome, sin darse cuenta de que realmente estaba incómoda. ¿Y quién no? Su collar de perlas casi no me deja ciega. Necesitaba un poco de aire libre. Quizás un vuelta por la playa no estaría mal. Cuando la mujer comenzó a hablarme de su perro 'Caky', pude notar con bastante agrado que el señor Acosta se abría paso entre el gentío. Cuando llegó a mi lado, no pude más que soltar un suspiro. -Señorita Quiroz.- Saludó el hombre con voz cortés.- Veo que ya conoció a Alicia. La mujer asintió enérgica. -Una joven muy simpática. Espero que esta vez se comporte con ella.- Alcé una ceja. Mario envolvió su mano en mi cintura y me apegó a él. -Lo haré. Eso seguro. Y fue ahí cuando comencé a sentirme un poco nerviosa. ¿No pudo haber simplemente soltado una risa seca y despedir

