Sentía muchas cosas primero era la primera vez qué salía con una mujer. Ella es tan descomunal qué me hace pensar y sentir tantas cosas placer, deseo y una tensión qué me encantaba me sentía feliz y tranquila era algo qué no podía evitar sentir.
Era mi segundo año en la universidad, estudio filosofía con mi mejor amiga Samantha estoy perdidamente enamorada de mí carrera quiero ser profesora y dar clases en alguna universidad de Nueva York o Boston.
-¿Con quién saldrás?-me habló echo un vistazo y me aprobó ella ama la moda es tan elegante y amante de los colores pastel.
Tomé mi labial rojo y empecé a pintarme tocaron la puerta me levante y tome mí cepillo realmente odiaba peinarme y arreglarme no me gusta pero por Tara lo hago en general suelo estar con una remera larga hasta las rodillas y pantalón olgado y con él pelo atado.
-¿Quién es , Emilia ?-pregunto me di vuelta ella tenía una caja roja.-Tiene una nota-dijo sonriente sentí su curiosidad de manera inmediata.
Me acerco a ella.
"El color rojo, te sienta bien. Pero éste vestido con escote bien pronunciado plateado te quedaría hermoso"
-Es hermoso.-conteste sacando mi el vestido.-Mierda es una maldita... Juró qué la follare-murmuró
Sam estaba sorprendida.
-¿Sales con una mujer?-preguntó nerviosa.
-Sí, ella me encanta.
Se sentó y tomó su libro.
-Maldita desde hace un año quiero experimentar contigo.-balbuceo.
-Creí qué eras hetero-dije nerviosa.
-Hetero curiosa.-concluyó.
Empecé a reír a carcajadas.
Me saque la bata y me puse el vestido.
-¿Qué opinas?-le pregunto.
Ella mordió su labio.
-Muy bien.
Mi teléfono empezó a sonar era ella.
-Hola querida estoy afuera-murmuró, sentí mucho calor.
Tomé mi teléfono y salí.
-¡Qué linda estás!-gritó un tipo.
Ignore su comentario y seguí caminando. Me acercó a la entrada y ahí estaba para Tara.
Tenía puesto un vestido color verde esmeralda, se veía tan linda.
-Estás preciosa.-ella me dio un beso.
Mis mejillas se enrojecieron.
-Gracias.-tartamudeo.
Subí a su coche, tenía un chófer así qué se sentó conmigo atrás.
-¿Cómo estás?-me miró a los ojos.
Mis manos temblaban.
-Estoy nerviosa Tara. -respondí, ella tomó mi mano y la beso.
Pasó unos minutos.
-Quiero qué me esperes un momento.-ella se bajo el coche y abrió la puerta.
Estiró su mano, no lo había notado tenía un tatuaje en el dedo índice era un corazón rojo.
-Gracias Tara.-sonreí, ella sostenía mi mano, su mano era suave.-Es precioso.-dije sorprendida.
Era una casa grande y muy lujosa había luces blancas había una mesa en medio de la sala.
-Está noche seremos tú y yo.-habló Tara, corrió la silla para qué yo pudiera sentarme.-¿Te gusta?-preguntó, mirandome fijamente.
-Es hermoso, me encanta-dije acariciando su mano.
Ella trajo los platos.
-Tienes una mirada tan hermosa me encanta tú sonrisa.-dijo tomando una zanahoria.-Tranquila cero carne se qué eres vegetariana.
-¿Cómo es posible qué sepas tanto de mi?, yo no sé nada de ti.-me puse seria.
Ella sonrie.
-Fácil me gusta una mujer investigo, preguntó. Lo hago solamente si se qué te gustó... a y tengo una editorial muy conocida.-concluyó.
-¿Una editorial?-pregunté.
-Gold queen.-respondio.
Me ahogue con el vino.
-No lo puedo creer... Es increíble llevo un par de meses tratando de conseguir un empleo allí.-hablé emocionada.
Mordí mi labio.
-Mañana empezarás.-exclamó.
Ella tomó un sorbo de vino.
-Gracias... Mami.-balbuceo.
Ella toma una servilleta y la tira.
-Tengo qué tomarla.-se bajó la mesa era de vidrio, podía verla cómo se acercaba a mi.-Está prohibido el sexo en la primera cita. Pero mierda eres tan hermosa.-dijo jadeando.
Abrío ligeramente mis piernas.
-¿Y la servilleta?-pregunté sonriente.
-La encontré pero yo solamente quiero una mejor vista.-respondió.
Me moví un poco.
-Mami, tú bebé te necesita ahora.-dije mojando mis dedos.
Ella seguía abajo de la mesa.
-Muestrame cómo te das amor cariño...-ordenó, me quité el vestido.
Quedando solamente con mis bragas de color n***o con encaje.
-Mami... Quiero tú atención.-bufo me levante de la silla.
Ella salió detrás de mi.
-¡Mierda!-exclamó, ella se quitó el vestido. Estaba desnuda.
No había nada más hermoso y perfecto qué su cuerpo.
-Mierda bebé, me encantan tus pechos.-murmuro, dando pequeños besos alrededor.
Tomé sus mejillas, la miré fijamente a los ojos y luego los labios empecé a besarla, primero entreabierta la boca después empecé a besarla el labio superior y luego inferior sentía mis labios humedecerse.
-Mierda, Mami.-jadeo.
Metí la punta de la lengua y empecé a entrelazar mi lengua con la suya.
-Ven conmigo.-tomó mi mano.
Subimos las escaleras fuimos a su habitación.
-Déjame saborearte.-sentí demasiado calor.-Por favor-suplicó.
Ella se acuesta.
-Ven aquí bebé.-dijo
Me puse entre sus piernas.
-¿Cómo lo hago?-pregunté.
Ella me tomó del brazo.
-Quiero qué estés aquí... Quiero saborearte también.-dijo jadeante.
Me puse encima de ella.
-¿Qué harás?-pregunté nerviosa.
Ella me quito mi braga.
-Cuando mami dice qué te des amor le haces caso.-me dio una nalgada.
Tomó mi cintura y la bajo.
-¡Mierda!-grité.
Pasó su lengua en círculos por el punto g. Subía y bajaba yo empecé a hacer lo mismo ella apretaba los múslos.
-¡Emilia!-gimio Tara.
Ella movía la lengua por mi c******s haciendo qué gritara luego con su lengua me penetro.
-Tara-grité, apreté sus pezones de manera cuidadosa.-¡Mami!-grité.
-¡Sí, mierda!-jadeo.
Me salí de arriba de ella.
-Cariño, todavía no tengo mi maldito orgasmo.-hablé, ella me tiro a la cama.
-Seguramente escuchaste de las tijeras. Te diré qué es la cosa más sabrosa qué allás hecho.
Abrí mis piernas y ella se puso encima podía sentir su coño, ella empezó a mover sus caderas en círculos.
-¡Ah, mierda!-grité apretando mi pezon.-Me encanta-gemi.
Tara se acercó a mi y empezó a mover su lengua.
-Uh... Me encanta amor.-gimio.
Empezó a moverse más rápido.
-Mierda... Creo qué.-senti mis piernas temblar.
-Mierda me encanta.-ella se movía más lento.
-¡Mierda!-gritamos unísono.
Ella se tiro al costado mio.