Después del desayuno, Lady Nymera llevó de la mano a Nyxara por los pasillos hasta una habitación grande y luminosa: el salón donde se confeccionaban trajes nobles. Había telas colgadas, cintas, encajes, flores artificiales y un gran espejo de cuerpo completo. —Bienvenida, hija —dijo Lady Nymera con una sonrisa cálida—. Aquí crearemos tu vestido de novia. Nyxara miró todo con asombro. —Es… hermoso. Todo es hermoso —susurró. Lady Nymera tomó una cinta métrica y empezó a tomar medidas con cuidado maternal. —Hombros… cintura… cadera… muy bien, hija, qué figura tan delicada tienes. Nyxara bajó la mirada, tímida. —Nunca pensé que… que tendría algo así. Una boda. Lady Nymera levantó el rostro de Nyxara con un dedo, suavemente. —Mi niña… tú mereces ser amada, celebrada y protegida. Has

